Laia Sanz regresa con su sexta participación consecutiva, su sexto Dakar terminado -una estadística fuera de lo común- y siendo por sexta vez la mejor piloto femenina en la competición más dura del mundo. Y no sólo eso, en su debut con el del KTM Factory Rally Team, la 17 veces campeona del mundo ha logrado un sufrido 15º puesto absoluto, un resultado con tintes heroicos tras tener que completar los últimos tres días de competición con fiebre por unas inoportunas anginas y un esguince de clavícula al manillar de su KTM 450 Rally.
Laia empezó el rally con un ritmo muy sólido, manteniendo el tipo, sin perder tiempo con el fin de llegar a las etapas complicadas situada entre los quince primeros y cerca del décimo: “Fui rápida, más de lo que pensaba que iría respecto al resto de pilotos de delante, pero manteniendo un margen. No quería tener ningún contratiempo que fastidiara mis posibilidades de cara a la segunda semana”.
Las posibilidades de mejorar el noveno puesto que logró el pasado año -el mejor resultado para una mujer en la historia del Dakar- se desvanecieron en sólo tres días de infortunio. Todo se complicó en la novena etapa, cuando una reclasificación por parte de la organización, tras suspender una parte del recorrido, hizo que la de KH-7 pasara de estar a 13 minutos del décimo a quedar desplazada a 50 minutos. “La organización tuvo que tomar una decisión y la que tomó fue injusta conmigo y condicionó mi carrera, pero no quiero pensar más en ello”.
Respecto a las particularidades de esta edición, la piloto de KH-7 ha subrayado que “ha sido el Dakar más extraño de los seis que he disputado. El nivel ha sido brutal, pero sobre todo porque ha sido una carrera muy rápida. Los días que hubo navegación vimos un Dakar distinto y con más etapas así habrían cambiado mucho las cosas. Eso me hace ser optimista porque sé que puedo estar más arriba. Ahora, a descansar y luego, a pensar en lo que hay que mejorar y a empezar a pensar en preparar el siguiente”, ha explicado la pluricampeona de KH-7 rodeada de familiares y su inseparable mascota, una perra llamada ‘Cas’ que le ha echado mucho de menos estas dos semanas.




