El cambio de mando en el tenis femenino fue sorpresivo. Y dejó una huella inmensa en 2016. Angelique Kerber empezó el año siendo la Nº10 del ranking y lo terminó como líder de la WTA, por delante nada menos que de Serena Williams. Aquí, el repaso de lo que ocurrió para que la zurda se convirtiera en la segunda alemana Nº1 del mundo y que la estadounidense cediera el trono.
Kerber cerró por quinto año seguido como Top 10, pero esta vez fue su temporada soñada, increíble, y por varias razones. La alemana figuraba en enero a 6.355 puntos de Serena y al final de 2016 le sacó 2.030 unidades a la menor de las Williams. Por eso, fue un cambio rotundo, con la ahora escolta afectada por una lesión, que la marginó del circuito después del US Open, perdiéndose el Masters final en Singapur.
A los 28 años, Kerber vivió así su año impensado, el más hermoso de su carrera, ya que no se imaginaba que podía destronar a la gran Serena, de 35. Por primera vez, la germana disputó ocho finales y hasta esta temporada no había podido jugar una sola en los Grand Slam. La racha la rompió siendo campeona del Abierto de Australia, hazaña que repitió en el US Open, además de haber caído en la de Wimbledon.
Ya en el Melbourne, Kerber dio su primer gran golpe. Venía de caer ante Victoria Azarenka en la final de Brisbane y se tomó revancha en cuartos de Australia, cuando la bielorrusa se venía abriendo paso y amenazaba al primer puesto de Serena. Finalmente, la ex-Nº1 dejó de jugar antes de tiempo ya que será mamá en pocas semanas. En una gran demostración de actitud ganadora, apoyada en su extraordinaria defensa y a la vez tomando riesgos, derrotó a la estadounidense en el duelo decisivo.
En un gesto poco visto, Serena Williams felicitó a Kerber y se mostró contenta por el triunfo de la alemana. Luego la número uno volvió a sufrir otro impacto en busca de igualar el récord de 22 títulos de Grand Slam de la alemana Steffi Graf en la Era Abierta, con su caída ante la española Garbiñe Muguruza en la definición de Roland Garros. Tras perder sus primeras cuatro finales del año, Serena tuvo desquite y en Wimbledon, justo frente a Kerber, empató a Graf y cantó los ansiados 22.
Pero allí apareció una lesión en el hombro derecho que complicó a la norteamericana y empezó a traerle los mayores dolores de cabeza. Faltó a Montreal, cayó rápido en los Juegos Olímpicos y, tras esa derrota en octavos de Río de Janeiro ante la ucraniana Elina Svitolina, sólo pudo reaparecer en Nueva York, donde fue superada por la checa Karolina Pliskova en semifinales. Eso fue clave para que Kerber, finalmente campeona del US Open, la bajara del tan codiciado número uno.
Si bien la germana perdió finales importantes, como la de Río ante la sorpresiva puertorriqueña Mónica Puig y la de las Finales WTA de Singapur con la eslovaca Dominika Cibulkova, se dio el enorme placer de finalizar 2016 en lo más alto de la clasificación. Terminó con marca 3-5 en finales y se quedó con las ganas de su primer oro y su primera corona de Maestra, pero nadie podrá quitarle el orgullo de haber sido la que interrumpió 186 semanas consecutivas de Serena Williams como reina de la WTA.
Por eso, Kerber fue la que ganó la pulseada más importante en un año histórico para el circuito femenino. Después de su ídola Graf, la zurda es la primera alemana en el trono mundial. Una proeza inolvidable para la oriunda de Bremen, la merecida Nº1 de 2016. Sin vueltas, la mejor.





