Fuerte de cabeza y pies ágiles, la estadounidense Megan Rapinoe, ganadora del Balón de Oro femenino, es una activista comprometida totalmente dentro y fuera del terreno.
En el verano europeo, con sus hazañas en el césped francés y su corte de pelo de color lavanda copiado de la actriz Tilda Swinton, a la que adora, Rapinoe se convirtió en la estrella del fútbol femenino a los 35 años, suscitando un entusiasmo mediático sin precedentes para una jugadora.
Con una personalidad arrolladora, que ha superado rápidamente el marco futbolístico, Rapinoe es una figura feminista, que marcha en primera línea de la lucha por los derechos de las personas LGBT y la igualdad entre hombres y mujeres, y convertida en un ícono de la oposición al presidente norteamericano Donald Trump.
Una personalidad a la que sin duda el DJ Martin Solveig no le preguntaría si sabe hacer «twerking» (perreo en Latinoamérica), como hizo torpemente el año pasado a la noruega Ada Hergerberg, ganadora del primer Balón de Oro femenino de la historia.





