Hazleydi Yoreli Rincón Torres nació en Piedecuesta, Santander. Es la hija menor de tres hijos en matrimonio de padres boyacenses. Con sólo 21 años, Yoreli ha conquistado más de lo que habría podido imaginar a su edad.
Es goleadora de la Selección Colombia femenina, ha jugado en clubes de Estados Unidos, Brasil y Suecia, fue campeona en la Liga Allsvenskan (Suecia) con el FC Malmo, ha disputado tres mundiales (dos juveniles), Juegos Olímpicos, campeonatos sudamericanos, panamericanos, y ya está nominada como deportista del año en Colombia.
En el mundo del fútbol reconocen a Yoreli Rincón como la ‘James Rodríguez’ colombiana, y la comparación resulta muy oportuna. Es la 10 de la Selección femenina y se describe a sí misma como una jugadora «exquisitamente técnica».
Además de ser una gran pasadora de balones tiene una definición letal en los arcos. Yoreli es la ‘James’ de Colombia, pero no tiene el mismo reconocimiento que el reciente fichaje del Real Madrid.
Para Yoreli, jugar fútbol nunca ha sido una tarea fácil. Desde sus inicios, cuando su padre le “pinchaba” los balones para que la pequeña hija menor de la familia abandonara la idea de jugar balompié, Yoreli sólo pudo contar con su hermano como cómplice de juego.
¿Cuándo descubrió el gusto por el fútbol?
“Cuando yo tenía seis años, ayudaba en la fábrica de balones de mi papá. Tenía que rellenar los balones de microfútbol con trapo. Cuando se terminaban de fabricar los balones, yo los probaba a escondidas de mi papa. Tenía que ponerme a trabajar después de llegar del colegio. Sólo me hacia 8.000 pesos cada 15 días, y con eso compraba mi ropa. Mi hermano me obsesionó con el fútbol. Yo veía videos de Zidane desde los 4 años y mi hermano me decía que hiciera las jugadas de Figo, de Beckham; desde ese tiempo yo ya podía hacer 500 veintiunas”.
¿Su talento para jugar fútbol fue heredado?
“Mi mamá jugaba fútbol a escondidas de mi papá. Yo quería ser como ella, ella jugaba descalza en lodo con un balón de microfútbol. Yo decía que quería algún dia ser como ella, quería ser macha. Mi papá no sabe ni parar un balón. Mi papá odiaba el fútbol pero por querer salir adelante se le dio por montar la fábrica de balones. Sacó un millón de pesos prestados y asi empezó todo”
¿Cómo se describe como jugadora?
“Soy una de las jugadoras más técnicas porque desde pequeña hice todo tipo de jugadas. En las cuadras del barrio me referenciaban. Mi padre tuvo un equipo en la fábrica y mientras los hombres que jugaban en él descansaban en los entretiempos, yo salía a jugar y por donde iba todos decían esa niña juega muy bien”
Pero Santander parecía pequeño para sus aspiraciones. Después de innumerables escapadas en las que Yoreli salía a jugar fútbol con la excusa de hacer tareas con compañeros de colegio, era hora de tomarse la tarrea del fútbol en serio y encontrar una escuela para pulir su talento.
“Emborrachamos a mi papá entre mi vecino, mi hermano y yo para que me diera permiso de jugar en un club de niños en Santander”, cuenta entre risas Yoreli. El técnico del equipo en el que Yoreli mostró sus habilidades por primera vez (conformado hasta entonces sólo por hombres) aceptó ponerla en el campo de juego donde no sólo sorprendió con tres goles como delantera, tambien enfrentó al padre de la jugadora con una innegable realidad: Yoreli había nacido para brillar en las canchas de fútbol.
Cuenta Yoreli que desde entonces, su padre jamas le volvió a negar jugar balompié.
¿Es difícil ser mujer y elegir ser futbolista en Colombia?
“Mi padre me decía constantemente no sé si es mi hija o mi hijo, pareces un machito. En el colegio me decían de todo. Lesbiana o machorra eran las palabras más leves. Sicologicamente fue muy duro para mí. En ese club yo era la única niña y Víctor, mi entrenador, que es como mi papá, paró a todos desde el principio. Me apoyó y eso subió mi autoestima”.
¿Recuerda alguna anécdota en particular de esos duros inicios?
“Yo sufría y pensaba soy niña o niño. Toda la vida, en mi cabeza, llegué a pensar realmente debí ser un niño. Tuve problemas porque me iba tan bien jugando, que la gente pensaba que yo era un niño. Recuerdo que una vez un hermano de un compañero de equipo se acercó a tocarme, quería comprobar que yo en efecto si era una niña. Me mandaron a comprobar si usted era una niña, dijo el joven, que por cierto casi matan todos cuando escucharon mis gritos después de que me tocara allá abajo”.
Pero usted empezó como delantera y ahora es volante, ¿cómo sucedió ese cambio?
“Yo era goleadora, pero había admirado siempre a Zidane, Ronaldo el ‘Fenómeno’. Por instinto empecé a hacer pases porque hacía un gol y no me daba tanta alegría. En cambio cuando hacía los pases me daba mucha más alegría, pensaba entonces creo que quiero ser 10”
Por accidente, en uno de esos partidos en que el 10 del equipo llegó tarde a un partido, Yoreli tuvo su momento de brillar como lo que sabía que sería siempre: volante 10. Entonces, sus guayos eran número 37, rellenos de papel, para “hacerlos durar por un buen tiempo”, y sus canilleras eran hechas a mano con cartón.
¿Qué vino después de jugar en Santander?
“La propia Liga de Santander me dijo que no podía seguir jugando con hombres. La única opción era entrar a la selección Santander, eran sub 20 ese año. Jugué un partido de prueba en el que no sentí presión, pero la técnica me dijo usted no sirve para el fútbol, olvídese de esto. Mi entrenador Victor me grababa jugando partidos y envió los videos a Ibagué, Tolima, Antioquia Valle y Bogotá. Sólo respondió Ibagué. Me volé de la casa a los once años para Ibagué. En Ibagué, teníamos un partido contra hombres, yo con 11 años empecé de suplente, y al minuto 70 entré a jugar. Después del partido el técnico me dijo ¿trajo los papeles del colegio?, llame y pida los papeles, no la voy a dejar ir porque hay peligro de que no vuelva”.
Salir de su hogar a los once años, con padres recien separados, y la depresión que sobrevino a su madre tras su partida, le dieron a Yoreli ánimo y valentía. Jamás pensó en volver a su hogar y mucho menos a la Liga de su departamento en la que se le había negado jugar.
Sólo tuvo que esperar un año y medio para ser llamada a la Selección femenina del país, un hecho inédito en las convocatorias de la tricolor de mujeres: con sólo 14 años, Yoreli Rincón fue campeona con la titular sub-17 del país y fue elegida como mejor jugadora del torneo.
Pero lo que pocos saben de la entonces joven promesa del fútbol femenino es que tras mudarse a Bogotá para cumplir su sueño de jugar con la Selección, caminaba por casi tres horas para llegar a los entrenamientos y a veces aguantaba hambre porque el dinero que le enviaban para sobrevivir en la capital era limitado.
Usted es una jugadora que desde el principio mostró ser talentosa, ¿por qué fue tan dificil ser reconocida por ello?
“En Colombia es difícil abrirse camino. Fui al Mundial sub-20 donde fui elegida como autora del mejor gol del Mundial. Pocos lo saben, pero lo que hizo James en el Mundial ya lo había conquistado a pulso teniendo menos de 20 años. Fui también nominada a balón de oro de ese torneo. Hemos sido víctimas del machismo. A veces leo en las redes sociales cuando se publican noticias de la Selección femenina usuarios que escriben: no nos interesan sus historias, vayan a conseguir novias”.
¿Tuvo ofertas para jugar becada en el exterior?
“Llegué a tener diez ofertas de universidades estadounidenses. Cuando mis compañeras empezaron a abandonar el país para viajar a EE.UU. becadas, yo sabía que no me veía en una universidad y entrenar a ese nivel, yo no quería eso para mí. Puede ser desagradecido porque muchos no tienen esa oportunidad, pero yo sabía que no sería feliz pensando en los estudios primero y no en el fútbol. Incluso, llegué a romper un contrato que mi papá ya había firmado a escondidas con una universidad de EE.UU. para jugar allí. Simplemente sabía que no estaba lista para ser profesional. Solo tenía 15 años y me faltaba mucho. No tenía ese nivel y sabía que me iba a quemar”
¿Y ahora qué sigue para usted como futbolista profesional?
“Lo que quiero ahora es La Copa América. No hay nada que quiera más, que la Copa. Tenemos muchas posibilidades y aspiramos pasar la primera fase, después la segunda fase será muy importante. Mi nombre está empezando a ser reconocido y eso es importante para el fútbol femenino del país. Acabo de formar mi academia en Bucaramanga para niñas abusadas, maltratadas, niñas sin oportunidades que quieren jugar fútbol. Quiero darles a esas niñas el apoyo que no tuve en mis inicios”.
Yoreli Rincón no duda del potencial de la Selección Colombia Femenina pero es consciente de que sin el apoyo necesario, el fútbol femenino seguirá siendo un deporte visto en el país como una práctica para lesbianas y de poco interés para la afición.
“¿Qué hubiera sucedido si el país no hubiera conocido a través de los medios el destacado papel de la selección masculina en Brasil, o sobre el fichaje de James, o si no hablaran de los logros de Falcao o Cuadrado?»
Así es como nos sentimos las mujeres aquí. Nuestro esfuerzo, nuestra lucha es poco vista por los colombianos. Hemos sido reconocidas por logros que la gente de nuestro país desconoce”, reflexiona.
En el mundo de los fichajes femeninos tampoco se mueven las mismas cantidades de dinero que se mueven con los jugadores de grandes clubes, pero YR 10, como se identifica con su marca deportiva, está a la espera de una oferta en un club de Europa, el lugar donde sueña volver a jugar.
Quizá la próxima vez que Yoreli Rincón levante una copa representando a nuestro país, no tenga que pensar que el “único pecado” en su vida fue haber elegido ser futbolista siendo mujer.
“Quiero enseñarle al mundo que no soy lesbiana, que fuera del fútbol tenemos nuestras vidas y que seguimos siendo mujeres con sueños y aspiraciones”, puntualiza Rincón mientras sonríe.
Johanna Melo / DeportesRCN.com





