Stoney, en defensa de la familia

En el último año, la vida de la defensora Casey Stoney se ha puesto patas arriba. En muchos sentidos. Suele pasar cuando una se embarca en la aventura de la maternidad. Y si la naturaleza te regala mellizos, el reto es doble.
En el plano profesional, también ha habido cambios. Con la llegada de Mark Sampson al banquillo de la selección inglesa, Casey ha pasado de ser la capitana del equipo a jugar tan sólo un partido. A menos de un mes para el arranque de la Copa Mundial Femenina de la FIFA Canadá 2015, la jugadora no esconde que su situación es “frustrante y decepcionante”.
Pese a todo, Casey sigue confiando en que pueda producirse la llamada para la que sería su tercera cita mundial. Y eso que, en estos momentos, un viaje a Canadá de varias semanas sería una batalla diferente a las que ha afrontado hasta ahora…
“Honestamente, sufriría porque echaría de menos con locura a los pequeños. Sería una batalla psicológica difícil. Económicamente no me puedo permitir llevarme a la familia. Además los niños apenas tienen 6 meses…”, explica la jugadora del Arsenal Ladies en su charla con FIFA.com. Así que Tilly y Teddy se quedarían en casa con su otra mamá, Megan Harris, ex futbolista profesional del Lincoln Ladies donde ambas se conocieron.
Compromiso e inspiración
A diferencia de otras madres futbolistas, la llegada de los niños no ha provocado un impacto muy fuerte en la carrera de Stoney, más allá de la obvia falta de sueño, porque fue su pareja la que dio a luz a los pequeños. “Megan estaba plenamente convencida de que debía ser yo la que continuara jugando. Ella quiso retirarse para tener a los niños. Y no se arrepiente”.Casey Stoney
Una decisión consensuada, como todas las que se toman en la casa. “Mientras Megan se encarga de darle el pecho a mí me toca cocinar, limpiar, comprar… Es complicado porque no tenemos ayuda cerca, aunque nuestras familias vienen a menudo a echar una mano”, señala.
Nuevas tareas, nuevas responsabilidades, nuevas ojeras… pero Casey es feliz. “Siento que mi vida ha cambiado a mejor. Me ha completado. A pesar de la falta de sueño, en los últimos tests físicos he tenido mis mejores resultados. Eso muestra mi compromiso con el deseo de ir al Mundial”, nos asegura. “Los niños son además una inspiración para jugar mejor. Me motivan a superarme porque quiero que se sientan muy orgullosos de mí”.
A punto de cumplir 33 años, se declara en el mejor momento de su vida, personal y profesional, y no piensa en tirar la toalla: “Tengo mucho que ofrecer aún a mis equipos”, asegura. Casey está acostumbrada a pelear por lo que quiere. Nadie le ha regalado nada para llegar hasta aquí.
Luchó cuando la rechazaron en un primer momento para formar parte de la selección, y acabó capitaneando al equipo más de 100 veces, incluida la selección de Gran Bretaña en los Juegos Olímpicos de Londres. También resistió cuando la atacaron al hacer pública su relación de pareja, para terminar convertida en ejemplo y apoyo de otros muchos. Y resistió los largos y frustrantes procesos de inseminación, hasta poder, por fin, besar a sus hijos.
“Siempre he sido fuerte, he pasado momentos difíciles y siempre me he esforzado por dar lo mejor de mí misma, ayudando a los demás para que sean lo mejores que puedan ser”, afirma con determinación.
Una filosofía impecable para aplicar en un vestuario. La única manera para logra el éxito colectivo, algo por lo que quiere pelear en Canadá con una Inglaterra renovada. “El equipo ha cambiado mucho, pero tenemos un buen equilibrio entre juventud y experiencia. Tenemos más opciones en ataque que nunca”.
Un factor clave ya que la selección ha de suplir la retirada de un mito como Kelly Smith.“Es una gran perdida. Es una jugadora de clase mundial. Cuando un partido necesitaba ese algo más o diferente, Kelly lo aportaba. Un talento único. Pero aun así, ahora tenemos otras opciones”, apunta con optimismo. Y señala a dos compañeras, Jodie Taylor y Francesca Kirby, como las jugadoras que darán que hablar en los próximos años.
El futuro
Casey, que formó parte de las selecciones inglesas mundialistas en 2007 y 2011, considera que los problemas que las apearon de aquellas citas en los cuartos, se están resolviendo favorablemente: “Tenemos más banquillo para hacer rotaciones y mentalmente estamos muy fortalecidas para la exigencia de los octavos de final de un mundial”, analiza.
Un mundial que es un futuro inmediato que la ilusiona. Hay otro futuro que la aterroriza. A finales de año terminan sus dos contratos, con el Arsenal y con la PFA (Asociación inglesa de futbolista profesionales), donde ha sido la primera mujer en formar parte del comité de gestión. Y ella es el único soporte económico de la familia.
“Estoy intentando encaminar las cosas. Estoy sacando el título de entrenadora y tendré la licencia en noviembre. Quiero seguir en el fútbol. El fútbol no es mi trabajo, es mi pasión. Pero obviamente, lo primero será el bienestar de mi familia”, nos explica.
Esta valiente madre encontrará la solución. Porque, ¿quién le iba a decir hace 20 años, cuando ponía dinero de su bolsillo para jugar en su equipo, que lograría vivir de esto? ¿Quién le iba a decir que podría formar una familia con niños junto a su chica? ¿Quién le iba a decir que la confesión personal que tanto la aterrorizaba la ha convertido en un modelo digno de admiración?
Por suerte, el mundo está cambiando, igual que lo ha hecho el fútbol femenino, gracias a gente como ellas.

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