STORRS, Connecticut – Muy pocas cosas con respecto a lo que vamos a contar tiene sentido. ¿Qué numero es más difícil de comprender?
No es lógico que un programa de baloncesto universitario que no había ganado 100 encuentros en su historia al momento en el cual Geno Auriemma asumió el proyecto (antes de comenzar la temporada 1985-86) ahora ha ganado 100 encuentros al hilo.
No es lógico que, en el año luego que Connecticut ganó un cuarto título nacional de forma consecutiva, soportado por la base de una clase de último año con los que pueden ser considerados meritoriamente los tres mejores jugadores en Estados Unidos, los jugadores que han quedado en el equipo han superado a seis de los ocho principales equipos en la encuesta de los mejores 25 de AP.
No es lógico que, en una noche en la cual Katie Lou Samuelson no pudo acertar un disparo, Kia Nurse no podía correr y Napheesa Collier no podía dejar de cometer faltas, UConn (número 1 en la lista) venció a Carolina del Sur (número 6) por score 66-55 en gran medida al superar a la mejor combinación bajo el aro que puede haber en Estados Unidos.
No es lógico que, en una zona rural de Connecticut que recientemente quedó enterrada bajo tanta nieve que ni siquiera Gabby Williams podía saltar, los estudiantes dijeron que esperaron afuera por seis horas para asegurar asientos de primera fila en el Gampel Pavilion.
Lo que Williams hace en una cancha de baloncesto no tiene lógica alguna. A cualquier nivel.
Por lo cual, sí, es difícil saber que hacer con este número.Es ridículo. Las dos rachas de triunfos más largas en el baloncesto universitario femenino que no involucran a la Universidad de Connecticut suman 100, entre ambas.
Es el por qué alguien le preguntó recientemente a Auriemma qué hace a su programa diferente. No es una nueva pregunta sino una muy adecuada que más de 300 programas de la División I de la NCAA aún no pueden responder.
«A menos que estés en nuestro vestuario a diario y a menos que presencies nuestras prácticas a diario», dijo Auriemma, «y a menos que pasen por las cosas por las cuales estas niñas pasan a diario y soporten lo que ellas soportan cada día por parte nuestra, como staff de entrenadores, es imposible explicar».
Pero no imposible de demostrar.
Ningún grupo de jugadores ha sido mejor en eso que este grupo.
«Uno lo entiende de inmediato», dijo Nurse, quien no reconocería el sufrir lesión alguna pero, como bien lo notó Auriemma, confirmando lo aparente, apenas podía correr. «Y creo que es la forma en la cual los veteranos le enseñan como hacer cada rutina, cómo levantamos pesas, como entrenamos. Y la importancia de cada pequeño detalle en lo que hacemos. Eso es algo que aprendemos de inmediato».
Eso no se suponía que iba a ser suficiente para este equipo. La memoria institucional tiene sus límites. Aún aquí. UConn comenzó la temporada como un campeón defensor por cuarta ocasión, tratando de mantener una de las mayores rachas de triunfos en la historia. No empezó la campaña en el ranking como número 1, lo cual dice algo sobre no extender el beneficio de la duda a este grupo particular de jugadoras que volvieron a la acción.
Aún así, las Huskies sobrevivieron los frenéticos segundos finales del juego inaugural de la temporada contra Florida State y siguieron su marcha con victorias contra Baylor, Maryland, Notre Dame y Texas que fueron, y por mucho, más convincentes de lo esperado. Sin embargo, Auriemma, muy poco propenso a la falsa modestia o a los lugares comunes, confesó que el encuentro del lunes contra South Carolina lo preocupaba más que todos los anteriores.
Las debilidades de UConn esta temporada son la falta de profundidad en la banca y su falta de tamaño, por lo cual Collier y Williams muchas veces deben conceder espacio en los tableros. La fortaleza de South Carolina era la altura de sus integrantes. A’ja Wilson y Alaina Coates son los corazones gemelos de una alineación que ha producido 223 rebotes más que sus oponentes, los cuales han cometido 95 faltas más que las Gamecocks.
Williams y Collier terminaron con 44 puntos y 23 rebotes, Wilson y Coates con 27 puntos y 20 rebotes.
Auriemma advirtió que su equipo se encontraba en una situación en la cual apenas una lesión lo haría caer al lote de los clubes promedio. Nurse estaba muy distante a su estado normal en minutos limitados de acción. No obstante, la novata Crystal Dangerfield salió de la banca para jugar por 30 minutos y un total de siete asistencias que mayoritariamente involucraron prácticamente desaparecer en el medio de cuerpos más fornidos y espigados del equipo de South Carolina.
Otros se preocuparon que hubo demasiados puntos anotados por muy pocas jugadoras. Samuelson tuvo quizás su peor actuación ofensiva (2-12 desde la pintura) en la temporada. Y eso no importó.
Ambos equipos fallaron tiros que usualmente aciertan en otras ocasiones, pero South Carolina cometió los errores más graves, perdiendo balones y concediendo los rebotes que decidieron el destino del partido. Connecticut no perdió por si misma. Y nadie más ha podido demostrar ser capaz de hacer semejante cosa.
«Nuestra defensiva no estuvo mal», dijo la entrenadora de South Carolina Dawn Staley. «Pienso que hicimos un buen trabajo en ese aspecto. Pero, nos tomaron con la guardia baja. Y cuando uno deja bajar la guardia, un equipo como UConn te lo cobrará cada vez que puedan».
Ella tomó una pausa, y casi susurró las últimas palabras que dijo.
«Cada vez que puedan».
Cien veces seguidas, para aquellos que llevan la cuenta.
«Tomando en cuenta nuestro punto de partida y donde la gente proyectaba que nos encontraríamos», dijo Auriemma sobre la hazaña de tener triples digitos en victorias, «tomando en cuenta quienes regresarían con nosotros y quienes volverían con los demás, el hecho que hayan conseguido eso es, creo, muy apropiado. Y probablemente se sienten mejor al respecto que como se sentiría el equipo del año pasado, un triunfo como este contra un quinteto muy bueno en un ambiente asombroso. Tuvimos que hacerlo en circunstancias algo difíciles… Pero de una u otra forma conseguimos una forma de hacerlo».
Este no es un equipo grandioso, bajo los estándares de UConn, no aún y quizás, nunca llegue a ser considerado como tal. Cuando los puntos de comparación son equipos que contaron con jugadoras de la talla de Sue Bird, Swin Cash y Diana Taurasi o Moriah Jefferson, Breanna Stewart y Morgan Tuck, la vara está en un sitio muy alto. Muchas de esas estrellas de antaño estaban sentadas unas filas tras la banca de UConn el lunes, lo suficientemente cerca como para que Auriemma bromease que pensaba usar a una o dos de ellas cuando veía sus pocas opciones para sustituir.
Lo que ellas vieron tenía que resultarle familiar. Es familiar para aquellos estudiantes que esperaron ver un momento histórico (y, sí, quizás ver sus caras en televisión nacional), aunque algunos de ellos no tengan edad suficiente como para acordarse del momento en el cual se produjeron las hazañas de Bird que se mostraron en la pantalla gigante de la arena.
«Estamos sumamente conscientes», Nurse dijo de las implicaciones históricas. «Entendemos todo lo que tenemos aquí, todas las oportunidades con las que contamos y saber que los beneficios con los cuales cuenta este programa provienen estrictamente de lo que se ha hecho para tenerlo en el lugar en el cual se encuentra hoy. Creo que incluso en las prácticas, cuando se está sumamente cansado, puedes ver los banderines en los muros con aquellos nombres y entender todo lo que debieron hacer y que lograron superarlo, llevándonos al lugar que tenemos hoy».
Hace del grupo actual, el conjunto perfecto para conseguir un número como los 100 triunfos. La cadena de victorias no fue su creación, poco de ello es obra propia. Pero les correspondió mantenerla. Se les confirió esa alta responsabilidad.
Nada cambia en la Universidad de Connecticut. Ahora, ni siquiera los resultados.





