Cristina de la Cruz, una madrileña que dio el salto para jugar en Vincennes University mientras estudia Business Administration. «Llevo aquí desde agosto y estoy ya muy integrada.
Sabía que no me costaría, porque quizá hay gente que tiene miedo a los cambios pero a mi no me asustaba. Además, tuve mucha suerte con mi compañera de habitación, con la que me llevo muy bien, y un equipo en el que hay muy buen ambiente. De hecho, pensaba que echaría más de menos a mi familia pero hasta los dos meses no te da ni tiempo, porque estás todo el día haciendo cosas nuevas», reconoce la madrileña en conversación telefónica con LaLiga4Sports.
Desde Indiana, y con un frío espantoso – «ojalá pudiera estar en Florida» – Cristina dirige las operaciones sobre la pista (juega de 1 y de 2) de un equipo que juega en Junior College. «En esta universidad estás dos años y después aplicaré para ir a otra Universidad según mis notas y mi baloncesto.
Tuve alguna oferta de la NCAA II, donde hay universidades más conocidas y de más nivel deportivo, pero hablé con otras chicas que habían estado allí y había sido muy duro porque los primeros años juegas muy poco ante jugadoras que son superiores a ti físicamente. A mi no me gusta nada estar sentada en el banquillo así que me decanté por venir a Vincennes».
Una elección nada fácil, pero que Cristina tuvo clara muchos meses antes de marcharse. «En 2º de Bachillerato te empiezan a hablar de universidades y posibles proyectos y yo hablé con mis padres sobre la posibilidad de replantearme irme a Estados Unidos. Unos años antes, jugando una Final Four, un ojeador se acercó a mi madre y le dijo que tenía muchas condiciones para jugar allí, pero estaba en 4º de la ESO, y pese a que yo tenía muchas ganas, decidimos que lo mejor sería esperar».
Llegado el momento de dar el salto universitario, era la hora de Cristina. «Hablé con una amiga mía que había ido a estudiar a Estados Unidos a través de AGM así que me puse en contacto con ellos. Tenía que conseguir una beca completa así que no era fácil, pero empecé a recibir un montón de ofertas».
Con multitud de opciones sobre la mesa y miles de kilómetros de distancia, la elección no parece sencilla, pero el empeño del entrenador de Vincennes convenció a Cristina.
«Me llamaba prácticamente a diario y ese interés hizo que me decantara por ellos». Y allí dirigió su destino.
«Estamos en un pueblo pequeño. Al estar acostumbrada a Madrid no hay mucho que hacer, pero conoces a mucha gente y todo el pueblo está volcado con la universidad. Te conoce hasta el del banco…» reconoce Cristina, a la que no hay nada que le quite la ilusión de estar en el lugar que siempre había soñado. Ni siquiera la dureza de los entrenamientos. «Los lunes y los miércoles nos levantamos a las 05.30 para hacer entrenamientos de pesas. Luego vamos a clase y después entrenar otra vez. Se hace duro porque aquí se juega cada dos o tres días, mientras que en España estamos acostumbradas a jugar una vez a la semana». Pero quieren cumplir el objetivo y eso pasa por el trabajo duro. «Queremos llegar al Campeonato Nacional, para el que hace falta ganar el District Tournament. Si lo ganamos iríamos al Nacional que es en Texas. Queremos estar allí».
Ella y su equipo, en el que ha coincidido con jugadoras europeas con las que coincide en su manera de ver el baloncesto.
«Pensaba que el baloncesto de aquí me iba a encantar pero es diferente. Allí tienes que pensar más y hay un juego en el que destaca el equipo. Aquí están muy pendientes de tu aportación individual en puntos, rebotes, asistencias… la competitividad entre jugadoras del mismo equipo es muy grande».
Pero no hay zancadilla que desvíe a Cristina de su camino. El de triunfar y ser feliz en Estados Unidos.





