La venezolana Daniela Wallen se apunta como meta la WNBA

CARACAS, Venezuela. Evelyn Morillo y Daniel Wallen jugaron baloncesto. Fue un deporte que les marcó la vida y no podía ser diferente para la hija que tuvieron juntos, Daniela, quien desde pequeña estuvo en una cancha de básquet.
Creció jugando con hombres hasta los 15 años y hoy es joven figura de la selección nacional femenina que alcanzó el bronce en el Suramericano de 2014. Ahora le depara un futuro prometedor, ya que se embarca en un viaje de regreso a Estados Unidos con una beca en mano para seguir formándose.
«Nunca te rindas» tiene tatuado en su antebrazo derecho y esa es precisamente la consigna que pretende seguir al pie de la letra hasta que llegue a su meta máxima. «Apunto a la WNBA y normalmente cuando apunto no fallo», dice Daniela Wallen, de 19 años, entre risas. «Yo sé que voy a estar ahí. Las chicas de la selección me apoyan, pero también sé que todavía estoy pequeña y tengo mucho camino por recorrer», prosigue la jugadora.Daniela Wallen
La semana que viene la caraqueña retomará sus estudios en el exterior, los cuales habían sido interrumpidos. «Estuve un año en el Independence Community College de Kansas. Luego me regresé a Venezuela en 2013 y no pude volver por los problemas de boletos aéreos. Ahora la Universidad de Texas en El Paso (UTEP) me está dando una beca completa, me está pagando el pasaje y también el año de colegio que me queda por completar, que lo haré en el Northwest State College de Florida», cuenta.
Posteriormente, Daniela entrará en la UTEP con el objetivo de graduarse en Comunicación Social y jugar en la NCAA.
Con emoción afirma que espera que su adaptación sea más sencilla que la primera vez que se fue del país, aunque no duda al admitir que no le agrada el idioma. «Yo con el inglés no me llevo muy bien. Es que no me gusta», confiesa.
Pero, por encima de esa adversidad, está el baloncesto… ese juego en el que se destaca como una anotadora innata, algo que demostró durante el reciente Suramericano al promediar 15.6 puntos por partido. Además tomó 8.2 rebotes por encuentro y fue una figura versátil que el técnico Óscar Silva trajo siempre desde el banco y utilizó en los puestos 2, 3 y 4.
«Ella fue la mejor sexto hombre del torneo. Que ingresara como suplente fue una estrategia. Cada vez que entraba no sabían qué hacer con ella», dice Silva, quien la ve a futuro como escolta (2). «Tiene buen lanzamiento, aunque le hemos estado tratando de quitar la maña de pegarse la pelota mucho a la mano», relata el coach, a lo que complementa Daniela explicando: «agarro el balón pegado a la palma de la mano, pero Óscar me pide que lo sostenga con la yema de los dedos para darle más dirección».
Pulir esa mecánica de tiro es una de sus tareas pendientes. No obstante, ella misma identifica otras asignaciones. «Quiero estar un poco más calmada en la ofensiva. Soy ansiosa y a veces siento que si no meto puntos no estoy jugando bien. Ya he ido entendiendo que no todo es anotar, ya que también vale agarrar rebotes y dar asistencias», sostiene.
En ese desarrollo constante entran los consejos de una amiga y compañera de selección que llama su «hermana», pese a que no hay vínculo de sangre. Es Waleska Pérez, quien comenta: «Daniela es mi hermanita y mi pupila. Me gusta enseñarle, porque sé que tiene mucho talento. Tiene para ir a la WNBA en un futuro».
Igualmente Daniela Wallen cuenta con el apoyo incondicional de su madre Evelyn y ahora también con el de su padre Daniel, de quien se había alejado. «Mi papá se separó de mi mamá cuando yo tenía tres años. No tenía contacto con él hasta que me fui a mi primer Suramericano en Uruguay (Sub 15, 2010). Él se enteró y me escribió. Yo sentía que lo hacía por interés y no le respondía. Ahorita es él quien se está moviendo con mi papeleo. Me alegra tenerlo. El baloncesto nos reunió de nuevo», dice la jugadora, quien desde ya tiene en mente los Panamericanos y el Preolímpico del año entrante.

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