Lo que se tarda en dar menos de 15 vueltas al circuito de Montmeló: 20 minutos. Es el tiempo que, cronómetro en mano, el equipo Williams de F-1 nos dejó con la jefa, Claire Williams, esta inglesa de 38 años y ojos verdes que está al frente de la escudería desde que, en marzo de 2012, su padre y fundador, sir Frank Williams, anunció que le cedía los mandos. Cinco minutos los consumió Julio con las fotos, así que la mejor estrategia era acelerar desde la parrilla de salida. Otros esperaban turno.
“Tacones en la fórmula 1, sí, ya ve. Un poco de glamour, ¿no? Pero solo para los actos promocionales. En el circuito no me verá con un traje negro como este” [risas].
Sí. Son los arranques algo misóginos de los periodistas los que le recuerdan que vive en un universo muy masculino. O no tanto. “Mire, lo que cuenta es que amo apasionadamente la F-1 y me he preparado para asumir esta responsabilidad. Mi gente se fija más en mi capacidad para hacer crecer el equipo y hacerlo competitivo que en mi condición de mujer, se lo aseguro”.
Ese respeto, sostiene, lo vive en todos los circuitos, también en Abu Dabi y Bahréin. “Ya le digo que para mí no es ningún problema, lo veo como algo normal. Y, sinceramente, mientras tenga la confianza de los míos, me da igual lo que piense el resto. Sí es verdad que me gustaría ser un referente para otras mujeres, y ojalá alguna más se anime a entrar en puestos directivos. Ya hay muchas mujeres trabajando en las escuderías en puestos vitales, como el departamento de ingeniería. De hecho, hay más mujeres en la F-1 de lo que los aficionados se creen cuando ven las carreras de los domingos en televisión”.
Pero ¿cuándo veremos a una mujer a los mandos de un bólido en la carrera de los domingos?, insistimos. “Sinceramente, no sé cuándo pasará eso, pero pasará. Tengo mucha curiosidad por ver media parrilla llena de mujeres. Nosotros somos abanderados. Ya tenemos una mujer piloto, y eso es un logro enorme para el equipo y para la F-1”. Se refiere a la escocesa Susie Wolff, que participa en varias sesiones de entrenamientos libres del Mundial. Wolff es ahora la única piloto en la máxima categoría del automovilismo mundial, tras el accidente y posterior muerte de María de Villota.
Patrocinada por Martini
Aclaremos que este encuentro con Williams hija tuvo lugar en Barcelona, en la terraza que su patrocinador, Martini, instaló en el paseo Joan de Borbó, coincidiendo con el pasado Gran Premio de España, hace unas semanas. Ella conoce la ciudad, ha hecho turismo alguna vez. Pero no esta vez. Ahora no hay tiempo. El ahora es el circuito, donde Williams, con el finlandés Valtteri Bottas, fue quinto y donde ganó Lewis Hamilton. El equipo Williams se colocó quinto en Montmeló en el Mundial de constructores.
Esta es una temporada en la que, más que nunca, la diferencia la marcan los coches, no los pilotos. Y Mercedes está intratable. “Eso es así. Es evidente –asiente Claire–. Pero este comienzo del Mundial no ha podido ser mejor para nosotros. Es importante conseguir puntos en cada carrera, mantener los dos coches en buena posición, a ser posible entre los 10 primeros. Es el objetivo realista que nos hemos trazado”.
Un beso para Bottas y Massa
Por la puerta acaba de entrar un chico menudo, rubito y de piel muy blanca. Es el piloto finés Valtteri Bottas, al que Claire besa con una actitud maternal. Pasará lo mismo con el otro crack del equipo, el brasileño Felipe Massa. “Son buenos chicos. Felipe es divertido y muy serio cuando toca, un hombre de ideas fijas y muy decidido. Reunía todos los requisitos para estar en Williams y se ha adaptado perfectamente al perfil del equipo. Se lleva bien con todo el mundo. A pesar de todo lo conseguido en Ferrari [donde estuvo desde 2006 hasta el año pasado], se ha tomado su llegada a Williams como un nuevo reto en su carrera. Él nos ha ayudado a subir el nivel del equipo y nos está llevando adonde queremos estar. Ojalá pueda seguir creciendo como piloto y que esta relación dure”, reconoce.
Aunque estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Newcastle, Claire ha mamado las carreras de coches toda su vida. Trabajaba a la sombra de su padre, toda una institución, durante los veranos, nada más acabar las clases. Y antes de incorporarse en serio a la empresa familiar en 2002, estuvo llevando la prensa del circuito de Silverstone (Gran Bretaña).
Mi padre, mi ídolo
“¿Que cuál es el mejor consejo que me ha dado mi padre? ‘Trabaja duro’. No es un hombre de muchos consejos, pero he aprendido tanto observándole, estando a su lado, tengo mi despacho junto al suyo, ¿sabe? Lo que me dice siempre es que continúe así, poniendo los cinco sentidos, sin bajar la guardia. Él es mi inspiración y mi ídolo. Y cualquier consideración que me haga la voy a tener en cuenta, por supuesto. Aunque le diré también que, cuando tengo que tomar una decisión, y en los dos últimos años han sido unas cuantas y muy importantes, escucho a todo el mundo, pero también a mi corazón”.
La decisión trascendental a la que se refiere es la elección del motor Mercedes para sus coches. Antes era Renault. “Tuvimos que hacer muchos cambios y eso que no estábamos precisamente en nuestro mejor momento. Probamos y salió bien. Fue la mejor opción”, dice sonriente la hija de Frank Williams, que también estuvo presente en Montmeló.
La escuadra que tiene su sede en Grove, que fue una de las mejores en la década de los 80 y 90, una de esas firmas legendarias que todavía permanecen en la F-1, encadenó temporadas nefastas, viendo cómo otros equipos desaparecían arrollados, entre otras cosas, por la crisis. De hecho, para encontrar las últimas victorias de Williams hay que tirar de hemeroteca y remontarse hasta el lejano 1997, cuando el canadiense Jacques Villeneuve consiguió la corona.
Así que aquí está Claire Williams, maquillada, de negro y con tacones, dispuesta a prolongar la historia de su apellido y a desmentir a aquellos que vaticinaban un final sombrío para Williams. Ella, de todas formas, no es la única jefa de un equipo en la F-1: ahí está Monisha Kaltenborn, al frente del equipo suizo Sauber.
Misión principal: conseguir dinero
“La F-1 tampoco ha sido ajena a esta crisis –dice Williams–. Y no me molesta reconocer que mi principal cometido es buscar dinero donde sea. Bueno, básicamente de los patrocinadores [risas]. Digamos que yo no estoy en esto para ganar dinero, sino para conseguir dinero”.
¿Y le gusta ese rol? “Es que amo la F-1. Es una forma de vida y no la cambiaría por nada. Es lo que he visto siempre en casa y es lo que espero seguir haciendo dentro de tres décadas”, asegura convencida. Le preguntamos si ha tenido que sacrificar su vida privada y responde: “Bueno. Mi maleta es mi casa [más risas]. Ahora en serio: vivo a una hora al sur de Londres, en el campo, cerca del trabajo, pero lo suficientemente lejos como para encontrar también el silencio y para poder estar con la familia y con mis amigos y los hijos de mis amigos”. Ella no tiene hijos. “Pero sí pareja”, puntualiza.
¿Y le gusta conducir rápido? “Me he hecho mayor y ahora me gusta conducir tranquila por el campo escuchando a Bon Jovi, que es mi amor platónico. Además, es que ves a mi padre [en silla de ruedas por la parálisis que le provocó un accidente de coche en marzo de 1986 tras dejar el circuito Paul Ricard] y no pisas el acelerador nunca más. Yo, de momento, conservo todos los puntos”.





