Blanca Manchón, la súper atleta que no para de sorprender

Blanca Manchón (Sevilla, 6 de marzo de 1987) está viviendo uno de los momentos más felices de su vida.

Su hijo Noah tiene mucha culpa de ello, acaba de llegar a su vida y es un pilar fundamental. Sin embargo, su columna vertebral se sostiene sobre otro baluarte, la vela, el deporte que la ha acompañado siempre y que ahora le brinda la oportunidad de estar en Tokio 2020, 16 años después de su estreno como deportista olímpica en Atenas 2004.

Pero entre medias han pasado tantas cosas que intentar contarlas todas parece una osadía. La andaluza, después de ser madre, perder todos los patrocinadores, resetear, empezar de cero como una novata, costearse cada viaje y cada nuevo material, ha conseguido una plaza para esos próximos Juegos Olímpicos en los que buscará cerrar el círculo con lo único que le falta en su palmarés, una medalla olímpica.

Orgullosa de haberlo logrado

“Tengo una sensación bastante rara. He pasado muchos años luchando por esto, yo sabía que podía hacerlo y ahora estoy muy orgullosa de haber conseguido ser madre y de haberme clasificado para los Juegos. Estoy viviendo uno de los momentos más bonitos de mi trayectoria profesional”, cuenta con una sonrisa de oreja a oreja que refleja a la perfección la satisfacción y la ilusión que siente en este momento.

Y es que ella sabe lo que es ser campeona del mundo y campeona de Europa, pero reconoce que “siempre” le pasaba algo “en las clasificaciones olímpicas”. Al respecto de esto, explica la complejidad de no conseguir llegar a los anteriores Juegos. “No las afrontaba bien”.

Sin embargo, aunque tomó la decisión de ser madre, siempre tuvo claro que esa motivación por los Juegos le iba a hacer seguir. “Además, para mí era un plus lograrlo después de la maternidad. Yo lo he puesto todo de mi parte y he logrado algo que pocas personas pueden decir”.

Lo más importante para ella ahora mismo, a un año vista de Tokio, es tener la “calma” y la “tranquilidad” de tener la plaza asegurada, aunque tiene claro que el único objetivo es la medalla. “Sería el colofón a mi carrera. Sueño con ello. Además, después de todo lo que he pasado, ahora están llegando cada vez más patrocinadores, tengo mucho tiempo para prepararme y creo que está en mi mano poder conseguirla, porque estoy en igualdad de condiciones con mis rivales”.

Sin patrocinadores

Siente que es fundamental haber llegado a esta situación, pero si echa la vista atrás, se ha visto obligada a pasar por momentos complicados.

Los patrocinadores me abandonaron porque me quedé embarazada. Los deportistas tenemos lesiones graves, de más de nueve meses a veces y no se van, pero me abandonaron por ser madre”.

“Yo creo que no se fían de que vuelvas a tu máximo nivel. No creen que una deportista pueda llevar esas dos vidas a la vez. A mí me llegó por sorpresa. He estado toda mi vida ligada a este deporte y con patrocinios privados, y el único año que no los he tenido ha sido en el que decido ser madre. Es bastante triste, pero en mi caso fue así», describe con sinceridad.

Y claro, a partir de ahí tuvo que empezar de cero, motivarse con la cita de Tokio y pelear mucho. “Lo vi todo bastante turbio, la verdad. Sin patrocinadores y con la federación, que no me apoyó, en un mal momento. Pero empecé a entrenar después de dar a luz, para ponerme en forma más que otra cosa y poco a poco fui encontrando ilusión, ganas y motivación”.

“Es que te quedas sin nada, a cero. Yo no tengo a un club que me pague, nosotras vivimos de las becas, pero estas te llegan si tienes resultados y no al revés. Es más un premio que otra cosa. Aquí o tienes patrocinadores o no puedes hacer nada. En otros países no es así, pero aquí sí. No me quedó más remedio que costearme todo, empezar como si fuera una recién llegada”.

La motivación de una medalla olímpica

Manchón reconoce que lo ha logrado gracias a su entorno, que se lo ha puesto muy fácil, a lo mucho que se divierte compitiendo y a ese sueño que tiene por la medalla olímpica. “Me fui poniendo retos a corto plazo, consiguiendo cosas y eso me llevó a pensar en Tokio, asumí que era mi última oportunidad y me tiré de cabeza. Y mira, aquí estoy”, cuenta.

Pero la historia no ha sido sencilla ni rápida. “Me costó mucho, fueron nueve meses donde estuve adelantando dinero. La federación no tenía que esperarme y me sentí muy presionada, pero siempre tuve claro que podía hacerlo. He hecho un sacrificio muy grande”.

Además, otra de las adversidades que ha tenido que afrontar ha sido la incertidumbre. “Mira, mi deporte es minoritario y yo lo sé. Sabía que empezaba un camino y no tenía claro qué podía pasar. Me he tenido que cruzar el mundo de punta a punta, en silencio, sin saber cómo iba a recuperarme del embarazo, si mi hijo iba a estar bien, que era la prioridad. Por suerte, ha salido todo fenomenal”.

Y por extraño que parezca, durante todos estos meses de apuros ella nunca vio nada raro en lo que le estaba pasando. “Para mí era normal, lo tenía asumido. La gente tiene una imagen equivocada de nosotros, de los deportistas. Tenemos que trabajarnos mucho todo, necesitamos apoyos y convivimos con los mismos problemas que cualquier familia, especialmente los que estamos en los deportes minoritarios».

No vivimos en una burbuja, y como no estés entre los ocho mejores no vas a tener beca y no vas a poder vivir de esto”, reconoce.

Menos de un año para Tokio 2020

Pero ahora el camino ya es imparable y la maquinaria está en marcha y engrasada. Después del Europeo ha podido descansar y la hoja de ruta pasa por entrenar en Lanzarote, con buen tiempo, viajar a Tokio para conocer el campo de regatas lo mejor posible, prepararse a muerte y llegar a esa cita al 100% física y mentalmente. “Iré a por el oro, pero sabiendo que el nivel es altísimo y que allí puede pasar cualquier cosa”.

Y llegados a este punto y antes de cerrar, Manchón traslada una pregunta que es extensible a la sociedad, “¿por qué hay que elegir entre ser madre o ser deportista? La maternidad no se entiende bien y es algo que hay que cambiar, pero ese le toca al político de turno, que debe asumirlo y poner una ley que nos ampare».

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