En 1995, durante los campeonatos mundiales de atletismo de Göteborg, la atleta Hassiba Boulmerka tuvo que ser ‘rescatada’ de la villa donde se alojaban los deportistas por un grupo de entrenadores argelinos que nadie conocía. Un ‘staff’ de técnicos anónimos en chándal y de rictus preocupado la sacó de aquel lugar accesible, para alojar a la medallista olímpica en un hotel de paradero desconocido. La mediofondista había recibido amenazas del Grupo Islámico Armado Argelino -GIA- por desarrollar su profesión –el atletismo- en pantalón corto, y no vestir el hiyab o velo islámico en los actos públicos. Aquellos desconcertantes entrenadores que reubicaron a la estrella africana no eran otros que miembros del servicio secreto argelino disfrazados.
Marruecos o Argelia son países en donde el deporte, y más en concreto el fútbol, se vive con una pasión desmesurada. Raro es pasearse por las calles de Rabat, Casablanca, Argel o El Cairo y no ver a ‘la muchachada’ luciendo camisetas de sus equipos favoritos: Barça, Milan, Manchester United o incluso los colores del Deportivo de La Coruña salpican las laberínticas callejuelas de las ciudades árabes, los zocos y los barrios residenciales. La fiebre por el fútbol llega hasta casi todos los rincones, pero de una forma desigual. Los gobiernos y la política aducen ‘razones culturales y religiosas’ para mantener apartadas a las mujeres del mundo del deporte. La igualdad de oportunidades entre ambos géneros en países musulmanes para la práctica del deporte es inexistente.
Uno de los últimos ejemplos del avance, en lo que a mentalidad de algunos de estos países, podemos encontrarlo en los últimos Juegos de Londres, donde por primera vez en la historia, Arabia Saudí permitió a dos mujeres competir: Sarah Attar -800 metros- y Wojdan Shaherkani –jodoka- gracias a los acuerdos llegados entre los saudíes, las federaciones internacionales de Judo y Atletismo y el COI, que permitió la competición de las atletas mientras vistiesen el pertinente yihab. En estos casos se hizo buena la máxima de que lo importante es participar, ya que el auténtico logro para estas deportistas era el estar en Londres, independientemente de los resultados que obtuvieran.
El sueño de participar en unos Juegos para la mayoría de mujeres musulmanas está totalmente cercenado. Mientras que Hassiba Boulmerka tuvo que cambiar su residencia de Argelia a Francia debido a las presiones de los fundamentalistas, en Irán se creó una competición atlética exclusivamente para mujeres, los Juegos Islámicos Femeninos, torneo que permite a las participantes disputar las pruebas a condición de que lo hagan completamente tapadas, cubiertas de arriba a abajo por ropajes, como estipula la religión.
Hoy, la campeona olímpica en Barcelona 92 es uno de los mejores ejemplos a seguir para las deportistas islámicas y trabaja para ayudar al deporte femenino en su país. Por su lucha, firmeza y valores humanos a lo largo de su trayectoria, en 1995 el jurado del Premio Príncipe de Asturias le concedió el galardón que distingue al deportista del año. Sin duda, un premio que va más allá de lo deportivo.
Independientemente de la religión de cada país, las mujeres se abren paso en la sociedad escalando peldaños gracias a los instrumentos más costosos: tenacidad, esfuerzo y una calidad que en muchas ocasiones no se reconocen. Y en ocasiones, el precio puede ser demasiado alto. El deporte no es un ámbito diferente. Nawal El Moutawakel conquistó el oro en los Juegos de Los Ángeles en 1984 en los 400 metros vallas, y dejó una frase para la historia: «La participación de las mujeres en el deporte es un reflejo de su posición en la sociedad en general. Su entrada en estos espacios deportivos coincide a menudo con su entrada y participación activa en la sociedad civil y la política».
El proyecto de ‘Tánger Gool’ nos sirve como ejemplo ilustrativo de ejercicio cargado de positividad. Esta idea lleva gestándose desde 2009, sin otra intención que la de tender puentes entre España, Marruecos y el deporte femenino. Con él, la productora audiovisual Smiz & Pixel, embarcada en un proyecto de crowdfounding para conseguir fondos y grabar un documental, ha logrado que se enfrenten en Tánger, el equipo femenino de Las Gacelas del Estrecho contra el Atlético de Madrid Féminas. Sin duda, una gran oportunidad para romper tabúes.





