Mckinney pondera la madre de Pedro

Pablo Mckinney
La resiliencia de Pedro
Poco puede uno aportar en términos de lectura deportiva a la fiesta nacional que ha sido la exaltación de Pedro “El Grande” Martínez al Salón de la Fama del Béisbol de las Grandes Ligas, en Cooperstown. Sin embargo, a pesar de todo lo dicho, escrito y expresado hasta hoy por los especialistas de la crónica deportiva, existe otra lectura posible más cerca de la psicología social que del bate y la pelota. pedro-y-su-mama
Hablemos entonces de la resiliencia de Pedro Martínez y su hermano Ramón. Ambos son un buen ejemplo de que se puede, siempre se puede, podemos. Ya lo dijo el propio Pedro: “Cada vez que alguien se sienta en mi país como que necesita buscar fuerzas, que me miren a mí. Soy una señal de esperanza”. ¿Y qué es eso de resiliencia? Resiliencia es ser capaz de sacar fuerzas cuando la vida golpea, superar las adversidades de un entorno social y económicamente negativo, sobreponerse a los períodos de crisis. Eso es resiliencia y de eso es Pedro Martínez un gran ejemplo.
Doña Leopoldina
El pasado martes, día de la elección de Pedro, emocionado y lloroso al entrevistar junto a mis compañeros de programa (El Sol de Tarde, Zol106.5FM) a su madre doña Leopoldina Martínez, pude descubrir el papel determinante de una madre en la capacidad de resiliencia, (de resistir y echar pa’lante) de los hijos. Veamos: ¿Qué puede explicar que un joven parlanchín y bromista, considerado por su madre como “el mela’o” de la casa”, y que todavía la apapucha cual Jatnna Tavárez, y la “agrede” inmisericordemente a besos y abrazos; un joven con apenas “aceptables” condiciones físicas, haya llegado donde ha llegado y se convirtiera en el atleta excepcional que fue ayer, o el ciudadano caballeroso, humilde, generoso y solidario que es hoy Pedro Martínez? Mucho teorizaría un psicólogo pero yo, como renuncié a la psicología por el periodismo, lo resumo en un nombre: doña Leopoldina. Eso. Eso sí fue una madre para sus hijos. Oiga, que por algo tiene uno escrito por ahí que Freud en verdad es caribeño y Edipo nació en Villa Consuelo, con vacaciones frecuentes en Manoguayabo, según he sabido recientemente.

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