Sania Mirza: «Las mujeres tenistas tenemos que seguir luchando contra el machismo»

Detrás de las grandes estrellas del tenis hay personas comprometidas socialmente, cuya influencia puede ser vital para mejorar ciertos aspectos de la vida. Sania Mirza es consciente de ello y de su representatividad en India, erigiéndose en una de las mejores deportistas de toda la historia de este país. La que fuera número 1 del mundo en dobles femenino en 2015, sigue ilusionada a sus 30 años por lograr éxitos en la pista pero también fuera de ella.
Sus años dorados junto a Martina Hingis han pasado, y ahora busca reinventarse para legitimarse en la élite junto a compañeras como Yaroslava Shvedova, con la que está jugando mucho en este 2017, en el que también ha compartido pista con Barbora Strycova, Coco Vandeweghe, Kirsten Flipkens y Betthanie Mattek-Sands. Con seis títulos de Grand Slam en sus vitrinas (tres en dobles femeninos y tres en mixtos), Mirza no se muerde la lengua a la hora de referirse a asuntos comprometidos y que van más allá del tenis.
Participa activamente en la Fundación MARD, que lucha contra la discriminación por género y raza. Cuenta con el apoyo de su marido, Shaob Malik, famoso jugador de criquet, y de su padre, Imran, que educó a Sania en unos valores cosmopolitas y liberales poco imperantes en India. «Con 12 años le decían a mis padres que si me seguían dejando jugar al tenis se me pasaría la edad para casarme», reconoce una Mirza que se niega a aceptar los valores tradicionales que tanto reducen la libertad de la mujer en su país y muchos otros del mundo.
«Las compañeras con las que jugaba desde pequeña fueron dejando el tenis poco a poco, porque sus familias no consideraban que siendo mujeres pudieran dedicarse a esto. Yo sentía un gran orgullo al ver que mis padres nunca me dijeron que no sería capaz de hacer algo por ser mujer, y me animaran a seguir con mi sueño», afirma una Mirza que ha nadado contracorriente durante toda su vida.
Imran, ese padre adelantado a su tiempo, cuenta un episodio que puede resumir a la perfección la dificultad para que Sania haya llegado donde está. «Cuando ella tenía 4 o 5 años venía a verme jugar y hacía de recogepelotas. Sus primos y los chicos que había en el club la intimidaban y se metían con ella, diciéndola que nunca podría jugar al tenis por ser una chica», asevera antes de continuar hablando ya en un tono más generalista. «Las mujeres en la India son tratadas como si fueran propiedad de otros, lo importante es que se casen y no hacer deporte».
Sin embargo, y por suerte por el tenis, sus padres apostaron por darle un futuro con una raqueta en la mano a su talentosa hija. «Hay muchas familias que no dedican el mismo esfuerzo en estos temas con un hijo que con una hija. Por suerte, en la mía no fue así», declara una Sania Mirza que percibe destellos de machismo en el circuito tenístico. «El machismo no es solo la violencia y cosas extremas, sino que se ve en pequeños detalles. En la WTA tenemos que seguir luchando por la igualdad de premios en metálico», dice Sania, indignada por lo que le dijeron en su país después de que ganara Wimbledon 2016.
«Dos días después, al regresar a India, lo primero que me preguntaron es cuándo iba a tener un hijo. Para cambiar esa mentalidad se necesita un movimiento cultural masivo, no sirve el ejemplo de mi padre o el mío», sentencia una Sania Mirza cuya influencia puede ser vital para el progreso. La tenista india sigue siendo una pionera del deporte en su país y merece un reconocimiento no solo a su trayectoria profesional, sino también a su implicación en aspectos sociales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.