Laura Torvisco tiene un balón en los pies desde que tenía tres años. Desde que tuvo uso de razón siempre supo que se dedicaría al fútbol y ejerció de jugadora antes de acabar en el banquillo. Hoy en día es la única entrenadora de la Primera división femenina, aunque para su desgracia, no es el trabajo que le da de comer.
«El fútbol es un deporte muy machista y la sociedad también por permitir que esto ocurra». Así de tajante se muestra Laura, que madruga todos los días para dar clase de Edudación Física en el Colegio Trabenco de Vallecas y dedica cuatro tardes y el fin de semana a entrenar al Rayo Vallecano. «La mujer está desprotegida en el mundo del fútbol. Mientras los hombres ganan dinero suficiente para vivir cien vidas, a nosotras no nos llega ni para sobrevivir», apunta.
Laura vivió el pasado verano uno de sus peores momentos como profesional al ver que la sección femenina del Rayo podía desaparecer por falta de presupuesto. Atrás quedaban los años de bonanza y éxitos en los que el equipo marcó una época con la conquista de una Copa y tres Ligas (2008-2011). «Somos un equipo más cercano a la realidad social que lo que era aquel. Vallecas es un barrio obrero, el Rayo un club modesto y nuestro equipo una mezcla de veteranas que juegan por amor a la franja y canteranas que sueñan con sentirse futbolistas», explica.
Necesidad de crear referentes
La madrileña cree que «las niñas necesitan referentes para sentirse identificadas. Es uno de los pocos avances que he visto en este mundo en 30 años. Hoy las niñas quieren ser como Vero Boquete, Natalia Pablos o Saray García, pero no saben de los sacrificios que hay detrás de ellas». Piensa que el fútbol femenino evoluciona a nivel inferior al que debiera porque siempre ha sido el lado oscuro de este deporte. «Tenemos una Federación que no ayuda a los clubes, los patrocinadores no apuestan por nosotros y los medios no nos dan el espacio que merecemos», critica.
Cuestionada sobre si se imagina en un futuro en el banquillo de un equipo masculino de nivel, Laura lo tiene claro: «En España lo veo imposible. Siempre tienes la sensación de tener que demostrar más cosas que un hombre. Lo tuve que hacer hace años cuando hice el curso de entrenador –era la única mujer entre 53 opositores– y lo es ahora. Ni siquiera confían en nosotras para el banquillo de un equipo femenino». Ella al menos tiene la suerte de tener equipo.





