Las madres: las otras mujeres del golf

Hay madres como Kultida, la de Tiger Woods, a quien me atrevería a culpar (junto a su marido, por supuesto) de los problemas emocionales y adicción al sexo de su hijo, que estoy segura fueron provocados por no dejarle hacer lo que debería haber hecho cuando despiertan los sentidos en cualquier joven; sus padres le prepararon para batir récords y ser un campeón, no un chico de su edad. Solo había que observar el gesto de Kultida, enjoyada en exceso, cuando Tiger ganaba Grandes.
Pero no voy a hablar de ello; quiero dedicar este artículo a madres de golfistas sufridas y abnegadas, que han contribuido al éxito de sus hijos. El abrazo emocionado de Rosie, madre de Rory McIlroy, al proclamarse campeón del Open Británico, dio la vuelta al mundo. Sus padres se sacrificaron doblando trabajos y haciendo turnos de noche en una fábrica para costear las clases de golf de su hijo. Su esfuerzo ha valido la pena.A1-37060517.jpg
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Todos tenemos en la retina la imagen de Julia, madre de Olazábal, llorando desconsoladamente de emoción cuando su hijo logró una de las mayores gestas del deporte, ‘el Milagro de Medinah’, capitaneando al equipo europeo al triunfo en la Ryder Cup 2012.
Consuelo, madre de Sergio García, siempre está pendiente de su hijo en los momentos felices de victorias así como en horas bajas. Ella es su mayor ‘consuelo’ y dirige la Fundación Sergio García, que tanto bien está haciendo desde hace 11 años.
Miguel Ángel Jiménez adora a su madre, Carmen, a quien ayudaba en las tareas del hogar siendo un niño; de ella aprendió los secretos de la cocina. Los lunes son un día muy especial: siempre que Miguel está en Europa, comen juntos.
Nunca olvidaré una escena junto a Carmen, madre de Seve Ballesteros. Nos alojábamos en un hotel del Paseo de Gracia en Barcelona y, bajando las escaleras que conducían al restaurante, recuerdo que había una vitrina con publicidad de una colonia que anunciaba su hijo; al verlo, Carmen exclamó orgullosa: «Mírale, es el más guapo del mundo». En los comienzos de su carrera, cada vez que Seve fallaba un corte, la primera llamada era para su madre: «Mamá, prepárame las lentejas que tanto me gustan, mañana comemos juntos».

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