En 2009, una mujer compartió el escenario con Lionel Messi en la resplandeciente gala anual de la FIFA. No era una presentadora o parte del comité. Se llamaba Marta, y había sido nombrada la jugadora del año.
No era la primera vez que Marta, una jugadora de Brasil, había estado en ese escenario. Durante su carrera ha sido nombrada jugadora del año cinco veces, más que cualquier otra. El propio Pelé, uno de los jugadores legendarios de este deporte, le llama “Pelé con faldas”.
Marta ha ganado casi todos los premios que un jugador puede conseguir, tanto individualmente como por equipo. Se le considera una de las mejores futbolistas femeninas del mundo, si no la mejor. Sin embargo, si Marta hubiera nacido en 1941, las leyes de su propio país le hubieran prohibido jugar al fútbol.
En esa época, se decidió que las mujeres no debían jugar al fútbol porque podía dañarles el útero, causar infertilidad o provocar cáncer. Permitirlo podría incluso poner el peligro el futuro del país.
La historia del fútbol femenino en Brasil
El primer partido de fútbol entre mujeres se realizó en 1921, aunque existen pruebas de que las mujeres jugaban pasándose el balón a finales del siglo XIX, según Joshua H. Nadel, autor de Fútbol!: Why Soccer Matters in Latin America.

El partido se disputó entre dos equipos de Sao Paulo y aquí comenzó el fútbol femenino en el país, afirma Nadel en el libro. Después de este partido, las mujeres se convirtieron en un elemento familiar en las canchas de Brasil por casi dos décadas. En esos tiempos la prensa escribía normalmente sobre estos partidos y se comentaba sobre lo bien que jugaban las mujeres. A finales de los años 30 las federaciones locales y regionales de fútbol empezaron a prestar su apoyo al fútbol femenino.
Aunque no había falta de interés, apoyo o talento, fuera la Brasil, la percepción del mundo con respecto a las mujeres participando en el deporte estaba cambiando. En Inglaterra, la asociación de fútbol del país prohibió que las mujeres jugaran en 1921. “El juego de fútbol es muy inapropiado para mujeres y no debe ser fomentado”, declaró la asociación.
Otros países en Europa adoptaron posturas parecidas. Por lo tanto, el fútbol femenino en el continente fue reprimido por varias décadas.
El sentimiento se extendió a Brasil.
En 1940, el ciudadano José Fuzeira le escribió al presidente Getúlio Vargas para expresar su preocupación sobre los efectos del fútbol en las mujeres. Fuzeira argumentó que el juego era demasiado violento para ellas y que podía dañar sus órganos reproductivos. El fútbol también podría provocar depresión, afirmó Fuzeira, y ser destructivo para futuras madres.
Unas semanas después de recibir la carta, el presidente se puso a trabajar para “proteger” a las ciudadanas del país. Y en un año, en 1941, a las mujeres se les prohibió jugar al fútbol por ley.





