La selección italiana de voleibol volverá a disputar, dieciséis años después, una final del Mundial femenino merced a su victoria ante China, actual campeón olímpico, por 3-2.

Italianas y serbias, que batieron a Holanda (3-1), dirimirán la tercera final europea de este torneo, tras las jugadas en 1952 (URSS-Polonia) y 1956 (URSS-Rumanía).

Las italianas revivieron hoy, en el Yokohama Arena, la misma semifinal de 2002 cuando, también ante China, lograron el pase a la lucha por un oro que, a la postre, se llevaron a casa.

Esta vez, Italia intentó contrarrestar desde el inicio la superioridad en altura de la primera línea de sus adversarias con rápidas combinaciones en ataque. La táctica que les dio pronto el resultado deseado (10-6, 14-9), merced a la buena distribución del juego de la colocadora Ofelia Malinov, que movió con inteligencia a sus “peones”.

Con Paola Egonu con Miryam Sylla por las bandas y Anna Danesi por el centro, las europeas impidieron, merced a su velocidad, una buena formación del bloqueo chino.

En vista de su buena renta (22-16), el seleccionador italiano Davide Manzzanti optó por dar descanso a Malinov, pero la entrada de Carlotta Cambi no le resultó (23-17) y se vio obligado a deshacer el cambio.

Al final, sendos remates de Sylla y de la capitana Cristina Chirichella le dieron el triunfo parcial por 25-18.

Al comienzo del segundo sets, las instrucciones de la técnica china Lang Ping fueron rápidamente asimiladas y puestas en práctica por sus pupilas que, en media hora, consiguieron equilibrar el partido.

China afinó la formación de su triple bloqueo y con ello comenzaron los problemas de las rematadoras italianas para esquivarlo (13-10, 18-15, 20-17). En los instantes finales, dos puntos en ataque de Sylla y otro de Egonu hicieron concebir esperanzas a su equipo (22-21) pero dos “aces” de Mingyuan Hu le impidieron la remontada (25-21).

La perseverancia y la gran fe en sus opciones de hacer historia de nuevo fueron una constante en el juego desplegado por las italianas a lo largo de un tercer set en el que tuvieron menos oposición de la esperada.

Italia dominó sin excesivo contratiempo con rentas que oscilaron entre los cuatro y seis puntos (14-10, 19-13, 21-15). Un espectacular saque a 58 millas por hora de Egonu supuso el definitivo 25-16.

El orgullo chino salió a relucir en un cuarto parcial de infarto, en el que las italianas llegaron a desperdiciar dos bolas para pasar directamente a la final y las asiáticas consiguieron igualar el partido merced a un ataque de Ting Zhu, al quinto intento (31-19).

En el desempate, Italia otorgó toda la responsabilidad a su estrella, Paola Egonu y ésta no le falló. Pese a que erró algunos saques, pese a que recibió varios “gorro”, no se amilanó. Falló en su primera ocasión para sentenciar el partido al lanzar un saque fuera (14-13) pero poco después lo solventó con un ataque espectacular (17-15). Fue su punto 45. Ella es ya, por méritos propios, la estrella de este Mundial 2018.

 

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