Manos a izquierda y derecha. Una señal y un primer aviso. Una raqueta rota, un “mentiroso”, un “ladrón” y un juego menos. Serena Williams recibió hasta tres advertencias por su comportamiento en la final del US Open ante Naomi Osaka, marcada por una discusión con el juez de silla Carlos Ramos que ya es historia viva del tenis.
Todo empezó como lo suelen hacer estas cosas, con algo pequeño que crece de manera imparable. En este caso, una orden de su entrenador, el francés Patrick Mouratoglou, y un primer warning.
Su técnico, desde la grada, movía sus manos en paralelo, a izquierda y derecha, queriendo explicarle algo en el segundo juego del segundo set. Así lo reconoció más tarde en una entrevista con la ESPN, explicando que es una práctica habitual.
El portugués Ramos lo vio. Primera advertencia.
Serena comenzó su desconexión. “No hago trampas para ganar. Prefiero perder”, le dijo, levantando la voz.
Tras una conversación entre ambos en el tercer juego, todo pareció calmarse. Williams le quebró el saque a su rival en el cuarto, tomando una ventaja de 3-1… pero la paz duró poco.
Osaka le rompió su servicio a continuación, aprovechando dos dobles faltas de la estadounidense, y la local explotó, reventando una raqueta contra la pista.
Segundo aviso y un punto menos.
“No he recibido órdenes de mi entrenador. No he hecho trampas en mi vida. Me levanto por lo que es correcto”, señaló antes de encarar el sexto juego, con ventaja 3-2 aunque 0-15 en contra de inicio.
La japonesa ganó el “game” con su saque y selló otra ruptura a continuación. Serena solo podía pensar en lo que había pasado anteriormente. El tenis había quedado en un segundo lugar.
“Has atacado mi carácter, esto está mal (…) Me debes una disculpa (…) Eres un mentiroso. Eres un ladrón, me has robado un punto”, gritó muy enfadada, para amenazar después. “Nunca más vas a volver a arbitrarme. Nunca”.
Tercer aviso y pérdida de un juego.
– “Sexista” –
Entonces, la estadounidense exigió la intervención de un supervisor arbitral, deteniendo el encuentro varios minutos. “Esto no es justo, esto no está bien. Es increíble”, lamentó.
Todo siguió igual. Williams ganó el noveno con su saque y Osaka sentenció a continuación con el suyo. El público, en vez de festejar a la nipona, abucheó lo ocurrido en apoyo a la favorita local, seis veces campeona en Nueva York, provocando las lágrimas de la vencedora, que incluso pidió disculpas por su triunfo.
“Sé que todos estaban animándola a ella y siento que haya acabado así. Gracias por ver el partido”, alcanzó a decir la nipona, llorando.
Tras pedir al público que animara a la ganadora, y a pesar de respirar durante unos minutos, Serena fue un paso más allá en conferencia de prensa, tildando la decisión del árbitro de “sexista”.
“He visto a otros hombres decir otras cosas a los jueces de silla. Estoy aquí luchando por los derechos de la mujer, por la igualdad de la mujer. Siento que, llamarle ‘ladrón’ y ser penalizada con la pérdida de un juego por ello es una decisión sexista. Nunca le ha quitado un juego a un hombre por llamarle ‘ladrón'”, alegó.
Williams ya fue descalificada en semifinales del torneo, en 2009, por conducta antideportiva frente a la belga Kim Clijsters, luego de amenazar a una juez de línea que le había señalizado una falta de pie cuando cedía 4-6, 5-6.
Osaka había hecho historia, con 20 años, al ganar el primer Grand Slam para su país, pero el US Open 2018 será siempre recordado por una fuerte discusión… y las tres advertencias de la discordia.

 

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