La última figura del tenis estadounidense en incorporarse a la élite es Sachia Vickery.
La tenista de Florida aparece esta semana en el escalón #75 de la clasificación a sus 23 años ya avanzados, pero llegar aquí no ha sido fácil.
Jugadora ilusionante desde su etapa junior, Vickery siempre fue una de las grandes promesas de su generación. Sin embargo, sus condiciones físicas y la evolución del tenis frenaron sus ascenso. No fue hasta esta temporada con su triunfo sobre Muguruza en Indian Wells cuando su nombre apareció de verdad en los medios de comunicación. Aunque si nos fijamos en sus resultados, Sachia ya venía de hacer muy bien las cosas el año anterior. ¿Cuáles han sido los factores que han propiciado esta irrupción? La WTA le brindó la oportunidad de contarlo y así lo resumió la propia jugadora.
El entrenador. Parece algo obvio, pero no todos los jugadores pueden costearse un técnico que les acompañe en su viaje. A Vickery le costó reunir el dinero para ello, hasta que por fin dio con Matthew Evans: “No es ningún secreto que el tenis es un deporte caro y cuando no estás en el Top100, no ganas mucho dinero. Sé lo que es perder dinero cada semana y a veces dependiendo de cómo lo hagas esa semana, repercute en el próximo torneo. Mi inconsistencia se debía, en parte, al hecho de viajar sola durante años. Entrenaba aquí y allá, pero no tenía ningún tipo de estructura. Una vez que me comprometí a hacer una inversión para conseguir un entrenador y un entrenador físico que viajaran conmigo todas las semanas, empecé a ver las recompensas”.
Pasado humilde

“Nunca tuve privilegios, mi madre tuvo que trabajar muchas horas solo para que me metiera en los torneos. Así que cuando llegué a los torneos estaba tan hambrienta, y quería ganar tanto, que creo que eso es algo que llevo conmigo a lo largo de los años. Todavía tengo algo de hambre porque sé lo que se siente al no poder ir a torneos, o no poder tener un entrenador a tiempo completo. O todas estas ropas deportivas que tenían muchos niños y yo no. Ese tipo de cosas desarrollaron una forma de ser que todavía mantengo”.
Volea maldita. Ocurrió en el US Open 2017, una segunda ronda ante Sofia Kenin y una bola de partido que se escapó tras un fallo de libro. Una volea que impedía acceder a tercera ronda y le hacía perder una gran cantidad de dinero. “Me lo tomé muy mal aquel fallo. Sin embargo, ahora veo que perder ese partido fue una gran lección para mí. Fue una lección difícil, pero creo que una que necesitaba, no creo que hubiera ganado los partidos importantes que vinieron después. Ahora sé qué hacer cuando estoy en esas situaciones, cada vez que estoy en el desempate de un tercer set puedo recordarme a mí misma lo que hice mal”.
Un estilo diferente. Sachia mide 1’63m y eso, justo en esta época, no es un dato que corra a su favor. “Estoy tratando de trabajar para agregar más cosas a mi juego y ser más versátil. Muchos partidos de este año, como el de Muguruza, me mostraron que también puedo ser agresiva. A veces pensé que no era lo suficientemente fuerte y que no podría conseguir nada con mi servicio. Fue difícil salir de esa mentalidad, pero era como que siempre era yo la que corría detrás de la bola. Por suerte, el tenis no solo depende del primer golpe, no todo depende de lo alta o baja que seas, sino de que nunca te rindas en los partidos. Solo así se puede competir con las mejores”.
Black Panther. Fue su seña de identidad tras ganar a Muguruza en Indian Wells, brazos cruzados al cielo y un mensaje a las masas, como su del superhéroe se tratase. “Creo que una de las razones principales por las que lo hice fue porque quería mostrarle a la gente lo orgullosa que estaba de ser una atleta negra, especialmente en el tenis, donde solo hay seis o siete de nosotros. Siento que a veces no lo expresamos mucho o no hablamos del tema lo suficiente, y creo que es realmente importante, especialmente para los niños más pequeños que están surgiendo”.

 

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