SANTO DOMINGO. El cristianismo fue el bálsamo que ayudó a Rosy Félix a superar la decepción que le generó la tarjeta negra por indisciplina y que le costó su participación en los Juegos Olímpicos 2016.
Félix se iba a convertir en la primera esgrimista dominicana que representaría al país en unos Juegos Olímpicos.
“Para mí fue algo sumamente difícil, el año pasado fue de muchas alegrías, pude obtener ese triunfo y también de muchas tristezas, porque perdí eso”.
Dice que gracias al error que cometió en el Campeonato Panamericano de Esgrima en Panamá, por mostrar su inconformidad con decisiones del árbitro el 24 de junio del 2016, pudo conocer a Dios y que ahora es lo primordial en su vida en estos momentos.
Félix pagó una suspensión por dos meses tras el incidente impuesto por la Federación Internacional de Esgrima (FIE).
En la actualidad se encuentra bien y entrenándose: “Hablaba con mi entrenador y le decía que un atleta que no haya tenido una gran derrota no está preparado para una victoria”.
Relata que la situación que vivió tuvo la reacción de muchos sectores, que la acusaban, rechazaban y hablaban mal de ella.
“Ese fue un dolor tan grande que al fin y al cabo pude levantarme con esto gracias a Dios”, dijo.
Su próximo evento será en Alemania en julio. Participó en Rusia en un Grand Prix, en Puerto Rico en un clasificatorio para los Juegos Centroamericanos donde su equipo obtuvo la medalla de bronce.
Sobre su preparación para los Juegos Olímpicos del 2020: “Yo estoy mejor mentalmente porque tengo más paz, me siento restaurada”.
La atleta confesó que los Juegos Olímpicos que se realizarán en Tokio serán el último compromiso deportivo para ella y después se dedicará al ministerio y a predicar el evangelio.

 

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