Es un día normal en el colegio: un grupo de niños vestidos de rojo, verde y amarillo juegan con una pelota en la mitad del patio de un colegio.
Pero hay algo que hace diferente a la escena: el deporte que están disputando en este lugar, el Instituto Geremario Dantas de Río de Janeiro, es uno donde los equipos están conformados por chicas y chicos.
Se llama korfbal, una invención holandesa de principios del siglo XX al que se describe como el único deporte de balón verdaderamente mixto.
Las reglas del juego establecen que los niños deben jugar juntos.
“Realmente me gusta porque pueden jugar tanto las niñas como los niños”, le cuenta Giovanni, uno de los alumnos de la escuela, a la BBC.
“Es un deporte que les permite a todos participar, sin importar si son un chicos o chicas, o si tienen habilidades o no. Todos somos diferentes y somos buenos en diferentes cosas, pero en este deporte todos podemos jugar juntos”.
Pero ¿cómo se volvió tan popular este deporte? ¿Y por qué ha sido considerado uno de los mejores ejemplos para luchar contra la desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito deportivo?
“En un mundo donde la inequidad de género es un tema importante de debate, el korfbal actúa como mediador porque es un deporte —y tal vez el único— mixto”, le dice a la BBC el capitán de la selección inglesa de korfbal, Ben King.
Holanda es el rey
Su origen es casi tan viejo como el basquetbol o el voleibol: nació en Holanda en 1903, de la mano de Nico Broekhuysen, un profesor de educación física que quiso crear un juego donde hombres y mujeres pudieran jugar en las mismas condiciones.
Las reglas del juego son básicas: dos equipos de ocho integrantes (la mitad hombres y la otra mitad, mujeres) tienen la misión de embocar un balón por una especie de anillo o cesta (korf significa cesta en holandés), que está ubicada a unos tres metros de altura.
Sin embargo, los hombres marcan a los hombres y las mujeres a las mujeres en dos zonas: ataque y defensa. Las canchas son muy similares a las del basquetbol.
“Es un deporte con mucha dinámica: en cualquier momento te va a tocar defender o atacar. Cada dos goles hay que cambiar de posición en la cancha”, explicó King.
La estrategia se basa en el pase del balón, debido a que no se puede avanzar con la pelota, ni tampoco driblar o regatear. Y gana quien logre pasar más veces el balón a través de la cesta en los cuatro cuartos de 15 minutos que dura el encuentro.
Actualmente el korfbal se juega en al menos 68 países alrededor del mundo y estos buscan cada cuatro añosuno de los 16 cupos para participar en el Mundial de la disciplina. Históricamente el país dominante ha sido Holanda: ha ganado los 9 torneos orbitales que se han disputado.
Lucha contra el sexismo
Ante la preocupante desigualdad salarial de varias disciplinas deportivas y el hecho de que en muchas de ellas las atletas femeninas no tienen la representación adecuada, no son pocos los que se preguntan si la respuesta es el korfbal.
“Este deporte realmente rompe con el estereotipo de que los hombres y las mujeres no pueden jugar juntos. Y que las mujeres son el sexo débil”, le dice Sheila Duarte, profesora de Instituto Geremario Dantas, a la BBC.
“Muestra que las mujeres pueden jugar deportes duros también”, explica.
Pero mientras las reglas del korfbal lo hacen perfecto para integrar a chicos y chicas, en términos de popularidad en los colegios —sin contar en términos de espectadores— y en comparación con el fútbol, el tenis y el basquetbol todavía sigue siendo una práctica minoritaria.
Estos son deportes que atraen a multitudes, enormes audiencias y mucho dinero.
Y en eso existe una debilidad, especialmente en países fuera de Holanda: hay pocas opciones de convertir la pasión por el korfbal en una profesión, incluso para los más talentosos.
Aunque no faltan los que mantienen la esperanza ante las opciones que tiene este deporte para cerrar la brecha entre hombres y mujeres en el deporte.
Uno de ellos es Juan, de 12 años.
“Amo jugar korfbal porque es un juego con mucha dinámica en el que puedes jugar con las mujeres”, dice el estudiante, poniendo de relieve una de las principales virtudes que muchos le adjudican a este juego “igualitario” que busca convertirse en masivo.

 

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