Una noche reciente, Sara Pulecio se puso a driblar con un balón alrededor de conos anaranjados y saltó reiteradamente sobre pequeños obstáculos colocados por los entrenadores en el campo con el fin de desarrollar fortaleza en las piernas.

La clínica de fútbol, organizada por una marca global de artículos deportivos, le dio a Pulecio y a varias otras futbolistas profesionales una rara oportunidad de entrenarse en medio de un prolongado paréntesis tras el final de la última temporada. Y aunque los ejercicios fueron intensos, la mediocampista de 20 años finalizó con una amplia sonrisa.

“Hacemos lo que podemos por nuestra cuenta, para mantenernos en forma”, dijo Pulecio. “Esto se parece a lo que hacemos normalmente pero no es lo mismo que la preparación dentro de la liga”.

Pulecio ha representado a Colombia en cinco torneos internacionales y era una de las jugadoras de mayor proyección en la liga femenina del país.

Pero la mediocampista de contención apenas se ha entrenado desde el fin de la campaña en mayo y se vio en riesgo de estar sin trabajo este año, en momentos en que las autoridades del fútbol contemplaban cancelar la liga profesional debido a su pobre rendimiento financiero.

Las noticias de que la recién creada liga profesional pudiera ser cancelada coronaron un mes turbulento para el fútbol femenino en el país. El mes fue marcado, además, por denuncias de acoso sexual contra dos entrenadores y quejas de malas condiciones de trabajo para las jugadoras de la selección nacional.

Las futbolistas han buscado salvar la liga, al tiempo que exigen mejores condiciones para el equipo nacional. La lucha por la igualdad evoca reclamos en otros países como Estados Unidos y Argentina.

“Es muy difícil cuando tienen sueños y anhelos, y simplemente ellos los hacen al lado”, dijo Pulecio tras una rueda de prensa reciente en que las jugadoras instaron a la dirigencia que ofreciera soluciones para salvar la liga femenina. Añadió que la cancelación de la liga “podría acabar con la ilusión de las niñas” que entrenan en las divisiones inferiores.

El martes, se realizó una asamblea de la división mayor del fútbol colombiano, Dimayor, que decidió integrar una comisión para estudiar la realización de lo que sería la tercera temporada de la liga profesional de mujeres.

La comisión está integrada por cuatro clubes: América de Cali, Atlético Huila, Santa Fe y Tuluá. Participarán también en estos esfuerzos la futbolista Isabella Echeverri, la vicepresidencia de la república y el Ministerio del Trabajo.

Al concluir la sesión, el presidente de la Dimayor, Jorge Enrique Vélez, indicó que el grupo buscará “conseguir la financiación” para que el torneo se realice en agosto, sin conocerse aún con cuántos equipos.

Pero la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro), que ha apoyado a las jugadoras en su lucha por mantener viva la liga, consideró una victoria lo anunciado en la asamblea.

“¡La Liga profesional femenina de @Dimayor es una realidad! Se nombró una comisión de clubes… ¡Lo logramos!”, tuiteó la agrupación. “Trabajamos duro para que las mujeres futbolistas puedan ejercer su profesión”.

Las quejas sobre el manejo del fútbol de mujeres en Colombia comenzaron a crecer el mes pasado, cuando dos destacadas jugadores de la selección publicaron un video en Twitter en el que plantearon lo que describieron como prácticas discriminatorias.

Echeverri y Melissa Ortiz dijeron que en los últimos dos años a las jugadoras de la selección nacional se les ha negado estipendios como los pagados a sus contrapartes varones cuando entrenan con la selección.

Las jugadoras dijeron que no se les pagó los premios por avanzar a la segunda ronda de la Copa del Mundo de 2015 en Canadá y que en varias ocasiones se vieron obligadas a pagar por sus propios pasajes de avión para acudir a las concentraciones de la selección nacional, algo impensable en el fútbol de hombres.

 

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