“Nunca me sentí más plena, más mujer y más valiente”, le dice Karine Guerra de Souza, jugadora de vóleibol brasileña, al periodista de la agencia alemana DPA. A los 39 años, y embarazada de seis meses, la armadora está disputando el Campeonato Sudamericano de Clubes, en Belo Horizonte, y, al mismo tiempo, rompiendo muchos preconceptos respecto al deporte y la maternidad.
El equipo que Karine representa, Camponesa/Minas, venció 3-0 sus dos primeros partidos del torneo continental, a Regatas de Perú y Boca Juniors, de Argentina. Y ella, con el bebé que lleva adentro, ingresó en ambos juegos desde el banco, para ser parte de las victorias.
“Es muy interesante poder hablar sobre este momento de mi vida y compartir mi experiencia con las personas, para que se pierda un poco el tabú que existe respecto a la mujer embarazada y el deporte”, reflexiona la jugadora antes de comenzar a relatar su presente.
Mamá de Anna, de dos años y seis meses, Karine cuenta que, en su anterior embarazo, también siguió jugando al vóleibol hasta tres meses antes del parto. Y recuerda aquellos tiempos: “Mi anterior médico me dejó muy tranquila respecto de mi propio cuerpo y de sus posibilidades: que me sintiese libre y sin dudas a la hora de seguir mis ritmos y mis tiempos”.
Aclarando que “cada cuerpo, cada mujer y cada embarazo son diferentes”, la experimentada armadora, que jugó en Italia, España y Suiza, compara su gravidez actual con la pasada. “Hay un factor muy importante y que los doctores enfatizan: no estoy haciendo nada nuevo, el deporte ya es parte de mi rutina anterior y el cuerpo está acostumbrado. Mi situación, incluso, parece más compleja para quien la ve de afuera que para mí, que la estoy viviendo”.
“De hecho -continúa- en este embarazo me siento mejor que en el anterior. El bebé que llevo dentro, y que se llamará Noah, es muy saludable y me está ayudando mucho: el mayor cuidado es por mi edad, pero no tengo mareos ni contraindicaciones, descanso bien y hasta cuento con un poquito más de testosterona en mi cuerpo”.
Los recaudos que la voleibolista debe tomar para seguir jugando, de todas formas, son varios. Por empezar, está terminantemente prohibido lanzarse al suelo boca abajo. Y además, tiene que utilizar una cinta alrededor de la panza, para evitar la diástasis, que es una afección común en embarazadas por la que se separan los músculos abdominales.
“Para tirarme al piso, lo hago sobre mi hombro y luego ruedo”, explica Karine su técnica. Y, además, añade: “La ganancia de peso es otro tema, y mis rodillas lo sienten, pero estoy trabajando mucho con el preparador físico y con la nutricionista para no aumentar tanto y poder aminorar ese impacto”.
La jugadora menciona también el cansancio, que muchas veces se siente, pero recalca sin embargo que no todos los cambios en su cuerpo, ni los cuidados en el deporte, tienen que ver con lo físico.
“Durante el embarazo, la alteración hormonal es muy grande y así, en algunos días me siento muy sensible, y en otros muy irritada. El factor psicológico es muy importante, y por eso, mi percepción respecto a ciertos procesos, por ejemplo el trabajo en grupo, va mudando. Incluso, hay cambios respecto a lo sentimental”, reconoce. “Por suerte, mi marido es un ‘héroe’ y me acompaña muchísimo”, aclara.
Este sábado se disputa la final del Sudamericano y Karine tendrá la posibilidad de sumar un trofeo más a su extensa vitrina, que incluye el oro ganado en el Mundial de Clubes de 2012 en Doha, Qatar. Después, quedará el torneo brasileño, que finaliza en abril.
Pero, ¿va a conseguir jugar dos meses más? ¿Hasta cuándo le permitirá su cuerpo? “Por ahora, no lo sé”, responde. “Estoy viviendo juego a juego, disfrutando cada partido y cada entrenamiento como si fuesen los últimos. No sé lo que está pasando dentro de mí a cada momento, cada examen es importante, cómo me siento cada día. Lo único que sé es que hoy sigo y mañana veré”.
Karine ya había tomado la decisión de retirarse al final de la temporada incluso antes de quedar embarazada. Lo que no sabe ahora es hasta cuándo durará la temporada para ella.
“Mi primer parto fue natural”, se emociona al rememorar. “Sin anestesia, sin médicos, sin ningún tipo de intervenciones: Dios, mi hija y yo. Lógico, mi salud me ayudó en esa decisión, y creo que el deporte también. Fue muy bonito, y ojalá que el próximo sea también así”.
Para terminar, deja una reflexión sentida: “Si las mujeres supieran de lo que son capaces, probablemente esa fragilidad que se intenta imprimir en la vida de ellas sería objetada. El empoderamiento que el embarazo nos trae, principalmente si es saludable, es enorme”.

 

 

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