Hay quien ve a los deportistas como puras máquinas de competir: gente capaz de cualquier sacrificio con tal de aumentar al máximo su rendimiento y sus opciones de victoria. Y es cierto que la élite exige muchísimo esfuerzo, y a veces no tienen más remedio que asumir unos compromisos y obligaciones que condicionan su vida cotidiana. Pero, por mucho que destaquen, no dejan de ser humanos con sus sentimientos, su escala de valores y sus prioridades.
La última demostración la ha hecho Phil Mickelson, uno de los jugadores de golf más destacados de la historia. A sus 46 años, Lefty (apodado así porque es de los pocos zurdos del circuito profesional) cuenta con un registro de victorias impresionante, en el que destacan cinco torneos de Grand Slam: tres ediciones del Masters de Augusta, el Open británico y el campeonato de la PGA. El único que le falta para completar los cuatro majors (algo que sólo han logrado cinco golfistas en toda la historia) es el Open de Estados Unidos, del que ha sido subcampeón hasta seis veces.
La oportunidad para desquitarse le podría llegar muy pronto. La próxima edición del torneo, que este año se dipsuta en Erin Hills (Wisconsin), empieza el próximo jueves 15 de junio. Sin embargo, Mickelson, actualmente en el puesto 23º del ranking mundial, ha anunciado que no va a participar. La razón que ha dado son “motivos familiares”: el mismo día 15 es la ceremonia de graduación en el instituto de su hija Amanda, de 18 años. El acto, en el que la joven será una de las protagonistas ya que pronunciará un discurso, es por la mañana en California y el campeonato empieza por la tarde, pero Phil prefiere disfrutar del día con tranquilidad y no tener que estar pendiente de si llega a tiempo.
La familia le había dicho que habrían comprendido que se hubiera marchado a la competición. “Phil está desesperado por ganar el US Open. Habría entendido totalmente que quisiera jugarlo. Podríamos haberle grabado la graduación en un vídeo”, aseguró su esposa Amy. Sin embargo, el legendario golfista optó por no viajar. “Cuando mire atrás en la vida, siempre estaré orgulloso de haber estado presente en este momento”, declaró Mickelson a la prensa estadounidense.
Esta será la segunda vez en toda su carrera, comenzada en 1992, que renuncie a una competición tan prestigiosa. En 2009 se perdió el Open británico porque prefirió quedarse junto a Amy, que acababa de ser operada de un tumor en el pecho (del que se recuperó satisfactoriamente). Phil ha demostrado a lo largo de su carrera una profesionalidad fuera de toda duda; de hecho, en el Open USA de 1999 (uno de sus muchos subcampeonatos) estuvo más pendiente del teléfono que de los palos, puesto que Amy estaba a punto de dar a luz a Amanda. Por poco, pero Lefty consiguió llegar a tiempo al nacimiento.

 

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