Además por las veleidades del balón y de la diosa fortuna, tan presente en un deporte en el que los técnicos aspiran sin éxito a controlarlo todo, al fútbol se le odia o se le ama por muchas otras razones.
Una de estás últimas, es la capacidad que tiene para mover y conmover a las masas, de enviar mensajes directos o subliminales, y de influir en las sociedades a través de códigos que superan el propio balompié.
Más allá del histórico resultado, la verdadera victoria hoy en la caldera del estadio de San Petersburgo no fue deportiva, sino la que se consiguió en las gradas, repletas de mujeres iraníes felices de poder disfrutar de un partido en directo con sus amigos, novios, padres o hermanos en total libertad.
Algunas con el velo islámico puesto, otras con los hombros al aire, la mayoría envueltas en banderas o con los colores de su país pintados en el rostro, en abierto desafío al restrictivo régimen de los ayatolá, que prohíbe la entrada de mujeres en los estadios.

Proc/JFIF/EFE-Calidad:Muy buena

“Estas imágenes son un gran triunfo para nosotras. Hombres y mujeres juntos en el graderío es ya algo usual en otros países. En el nuestro no es más que un sueño”, explica a Efe una joven iraní en los aledaños del San Petersburgo Arena.
Igual de emocionadas y contentas estaban sus colegas magrebíes, igualmente acostumbradas a que las gradas de los campos de fútbol sean un terreno hostil, dominado por el machismo, en el que todavía son vistas con recelo y disgusto.
“Nos gusta el fútbol, nos gusta estar con nuestros amigos, nos gusta ir al estadio ¿cuál es el problema? Quizá para los europeos esto no sea raro, pero para nosotras es una victoria. Poco a poco ganamos espacio”, explicó Ibtissam, una chica de Rabat, en el descanso del partido.
Un hito que ya comenzaron a conquistar las mujeres saudíes en el partido inaugural del jueves, del que su selección salió goleada por Rusia.
Aunque quedaron fueran de la ceremonia inaugural, en la que estaba previsto que seis jóvenes saudíes portaran la bandera de su país, nadie pudo impedir que disfrutaran del partido en el estadio Luzhniki en compañía de sus familiares y amigos, algo que como las iraníes no pueden hacer en sus país.
Enemigos políticos y líderes de las dos ramas enfrentadas en las que está dividido el islam, Arabia Saudí e Irán tienen una política similar respecto a las mujeres, que restringe la mayoría de sus derechos más básicos.
En ambos países las mujeres no pueden compartir espacios públicos en recintos deportivos, aunque en Irán, al contrario que en Arabia Saudí, si pueden compartir actividades en centros comerciales y otros espacios de ocio.
Y deben salir a la calle completamente tapadas, desde los pies a la cabeza.
En la antigua Persia pueden, sin embargo, votar y ser elegidas diputadas o concejales, mientras que el derecho al sufragio en el reino wahabí es restringido y no se permite a las mujeres presentar candidaturas.
En Irán conducen, mientras que el Arabia Saudí no podrán hacerlo hasta dentro de una semana, cuando entre en vigor una ley promovida por el príncipe heredero saudí en el marco de una serie de reformas cosméticas.
En ambos países, el machismo y la brecha laboral y salarial son abisales.
“Yo espero que esta ley cambie. Que se permita a las mujeres que vayan al campo. No hay ninguna diferencia”, aseguró a Efe uno de los periodistas que siguen a los “guepardos persas” en esta copa del mundo ya histórica para el combinado iraní tras ganar por primera vez su partido inaugural.
Un deseo que compartieron los más de 62.000 espectadores que prácticamente llenaron hoy el estadio de San Petersburgo y que la magia del mundial ayudó a normalizar con una grada plagada de mujeres iraníes y marroquíes “felices”, para desmayo de imanes y ayatolás.

 

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