Maryam al-Subaiey es catarí, tiene 31 años y cumplió su sueño pese a la importancia de las tradiciones en su país: Se convirtió en jockey en un emirato musulmán conservador del Golfo Pérsico en el que las deportistas son una excepción.
“La sensación más maravillosa para un ser humano es conseguir sus sueños. Estoy muy feliz”, dijo Maryam Al-Subaiey tras participar en febrero en la Thoroughbred Handicap, en el hipódromo de Doha.
“La importancia de mi presencia reside en el hecho de que no solamente soy la primera mujer jockey catarí, sino que también lo hago por todas las mujeres cataríes y por todas las mujeres Khaleejis (del Golfo)”.
Otras mujeres han disputado carreras de caballos en Catar, entre ellas una jockey no catarí y una chica de 14 años como aficionada en un club ecuestre, según los medios locales, pero nadie lo ha hecho al nivel al que compitió Mariam Al-Subaiey.
No ganó la carrera; acabó en la posición 11ª de 14 participantes. Pero esa no era la cuestión. Su participación sorprendió a numerosos espectadores que ese día se citaron en el Racing and Equestrian Club de Doha.
Cuando fueron preguntados si eran conscientes de la dimensión histórica de aquella carrera, varias personas admitieron no estar al corriente.
“Para ser honesto, no pensaba que hubiese mujeres jinetes aquí”, dijo un amante de las carreras de caballos occidental.
– Sin hiyab –
Para Mariam Al-Subaiey todo comenzó en agosto de 2014, cuando atravesaba un “periodo muy difícil” de su vida.
Acababa de perder un empleo (era realizadora en una cadena de televisión local) y quería una reconversión en su carrera laboral. La joven, que roza la treintena, también se presenta como poetisa y autora para niños.
“Era algo que quería hacer desde hacía mucho tiempo, me encantan los caballos y me dije: ‘¿por qué no?”, explica a la agencia francesa AFP.
Algunos consideraban que el hecho de ser una mujer jockey en Catar no da “prestigio” en una sociedad tan conservadora, admite Al-Subaiey.
Religión y familia son dos focos de presión que explican el escaso número de deportistas en Catar, pese a que este pequeño país utiliza el deporte para aumentar su visibilidad mundial.
Catar solo envió a dos mujeres (de 38 deportistas) a los Juegos Olímpicos de Rio-2016. En Londres, cuatro años antes, fueron cuatro y su participación se debió a las presiones de las autoridades olímpicas a Doha.
Mariam Al-Subaiey destaca que su familia le ha apoyado en su ambición de ser jockey, así como de otras personas, “incluso hombres cataríes”.
No parece muy preocupada por las convenciones sociales. “No tengo por qué hacer cosas que la sociedad espera de mí por ser mujer”, dice.
Tampoco le importan los focos. El año pasado provocó una polémica en Catar tras aparecer en la cadena France 24 en París sin vestir el hiyab hablando de la situación de la mujer en su país.
Sus detractores le acusaron en las redes sociales de “desobedecer las órdenes de Dios”, pero ella no se dejó impresionar, reivindicando la “libertad de decidir” la ropa que viste.
– Fractura de la pelvis –
Teniendo en cuenta la creciente influencia de Catar en el deporte mundial y en las carreras de caballos en particular, la aparición de una mujer jockey parece lógica.
El emirato gasista es conocido por haber comprado el París SG y por sus fichajes astronómicos para hacer del club francés uno de los grandes de Europa, así como por ser el país organizados del Mundial-2022 de fútbol o del Campeonato del Mundo de atletismo en 2019, pero el gran público desconoce la influencia creciente de Catar en las carreras hípicas.
El Premio del Arco del Triunfo en Francia, uno de los más prestigiosos del calendario, fue rebautizado como ‘Qatar Prix de l’Arc de Triomphe’. Doha también patrocina una de las grandes carreras en Reino Unido, la conocida con el nombre de ‘Qatar Goodwood Festival’.
Para alcanzar su sueño de convertirse en jockey, Mariam Al-Subaiey viajó a Newmarket, la ‘capital’ de las carreras de caballos en el Reino Unido, donde se entrenó con el afamado exjinete Steve Smith Eccles.
Casi tiene que poner fin a su carrera en marzo pasado al caer de su caballo en una carrera en Catar y sufrir graves lesiones, entre ellas una doble fractura de pelvis.
“Soy amnésica, no me acuerdo de nada”, dice con sorna.
Este accidente no le hizo perder su pasión por los caballos y tampoco le hizo dudar de su elección. Prevé regresar a Newmarket dentro de un mes para continuar los entrenamientos.
“Ahora más que nunca, tengo algo que demostrar”, avisa.

 

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