Los Clippers cayeron en su estreno en la Liga de Verano ante los Bulls (70-86) en un partido en el que si los más curiosos se fijaron bien, en el banquillo del equipo angelino seguramente vieron a una pequeña mujer de rasgos orientales tomando notas sin parar. Se llama Natalie Nakase, tiene 32 años y es californiana, descendiente de japoneses pero hija de estadounidenses de segunda generación. Es ayudante del coordinador de vídeo de los Clippers y, ahora, asistente en la Liga de Verano de Las Vegas del técnico Brendan O’Connor.Natalie Nakase
Nakase quiere ser la primera mujer que derribe una de las últimas puertas que todavía están cerradas para las mujeres en el deporte profesional estadounidense: la de los vestuarios. En la NBA hay mujeres en casi todos los estamentos de las franquicias. Y las hay arbitrando en un empeño personal de David Stern que cuajó en 1997 con Violet Palmer y Dee Kantner, las primeras en dirigir partidos en las grandes ligas norteamericanas. Pero todavía no hay ninguna que haya dado el salto al cuerpo técnico de un equipo por mucho que en su día hubiera rumores centrados en la figura de Pat Summitt, que entrenó al equipo femenino de Tennessee entre 1974 y 2012 y superó los mil triunfos para ponerse al frente de la lista de entrenadores con más victorias en el baloncesto universitario. Tanto masculino como femenino. Trish McGhee trabajó hasta el lockout de 2011 en los Grizzlies con un cargo similar al de Nakase, que llegó a los Clippers por la misma vía que, por ejemplo, permitió a Erik Spoelstra colarse muy joven en los Heat y ascender hasta convertirse en el equipo de las cuatro finales y los dos títulos con el ya fugado LeBron.
La ambición de Natalie Nakase es llegar a ser entrenadora en la NBA, ni más ni menos. Para lograrlo ha dejado atrás ofertas del baloncesto profesional femenino y ha centrado su vida hasta la obsesión en empaparse del juego hasta su mismo núcleo. ESPN recupera ahora su historia, la de una trabajadora que renuncia a su vida social, a tener citas o a ver en televisión nada que no sea NBA TV. Y que se somete en las playas de Santa Mónica a entrenamientos propios de los SEAL y otros cuerpos de élite del ejército estadounidense. Quiere estar en forma para poder hacer cualquier cosa que pida a sus jugadores que hagan y saltarse así los argumentos que les darán quienes no se atreverán a decirle directamente que no quieren contratar a una mujer. Quiere ser respetada y sabe que tiene que luchar contra los prejuicios y la actitud conservadora de una NBA que define así Daryl Morey, general manager de los Rockets: “Nadie quiere ser el primero en algo por miedo a equivocarse. Prefieren caminar por sendas abiertas, poder decir que siguen el ejemplo de otros”.
Se fue a Japón y terminó entrenando a Saitama Broncos, equipo masculino, después de trabajar a las órdenes del que resultó siendo su mentor y ejemplo, el ex NBA Bob Hill (entrenó a Knicks, Pacers, Spurs y Sonics). Después entrenó a un equipo femenino en Alemania y regresó a California para perseguir el sueño que le obsesiona: la NBA. Siguiendo el consejo de Bob Hill, no rechazar ninguna oportunidad de entrar en el mundillo de la liga, acudió a unos clínics de los Clippers, donde se ganó la confianza de los jefes de personal de la franquicia. Pidió permiso para ir a ver los entrenamientos de Blake Griffin, consiguió asistir a las sesiones del equipo y tomó tantas notas que impresionó al por entonces entrenador, Vinny Del Negro. Así entró en la gran rueda de la NBA.
Ahora le queda la tarea más dura: derribar los últimos tabús. Otra vez Morey, que no por casualidad está dirigiendo a golpe de revoluciones los designios de los Rockets, asegura que debería haber mujeres entrenando: “Saber entender y leer el juego no puede ser una cuestión de cromosomas”. Billy King, su homólogo en los Nets, cree que habrá una mujer en el puesto de asistente de un entrenador NBA en los próximos diez años. Y estrellas como Andre Iguolada aseguran que no habría mayor problema: “un jugador lo único que quiere es trabajar para alguien que conozca el juego”. Así las tal vez puertas no estén del todo cerradas.
Mientras, ella sigue trabajando de sol a sol, tomando notas de forma obsesiva, sometiéndose a entrenamientos que, dicen, no aguantarían muchos jugadores de la NBA, y recorriendo California para ver partidos y visitar gimnasios en los que aprender nuevas rutinas físicas. Si alguna llega la oportunidad, Natalie Nakase estará preparada. Lo dijo Bob Hill después de horas y horas de responder a sus preguntas en Japón de sol a sol: “Yo no apostaría nunca contra ella”.

 

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