Breanna Stewart llevó a las Seattle Storm a su tercer anillo tras derrotar a las Washington Mystics por 82-98 en el tercer partido de la final, resuelta con un contundente 3-0.

Stewie, como se la conoce, firmó 30 puntos en el encuentro definitivo con ocho rebotes y cuatro triples. En los tres choques ha promediado 25,6 puntos, 6,0 rebotes y un 54,5% en triples en los tres encuentros. Por supuesto, se ha llevado el MVP. Lo une al de la temporada regular, en la que finalizó con medias de 21,8 puntos, 8,4 rebotes, 2,5 asistencias, 1,4 recuperaciones y 1,4 tapones. Empieza a confirmar todas aquellas profecías que la situaban como la futura mejor jugadora de la historia.

Stewart, que acaba de cumplir 24 años, mide 1,93 metros, no alcanza los 80 kilos y tiene una envergadura de 2,16. Por su talla, podría pensarse que es una interior, pero se trata de una jugadora indescifrable. Tiene movimientos de espaldas al aro propias de un pívot y el manejo de balón y la velocidad de un escolta. Anota triples pero también puede hacer mates. El baloncesto femenino nunca ha visto algo semejante. Secarla es una tarea imposible: es más rápida que cualquiera de las interiores y puede lanzar sobre defensoras más bajas.

Militando en las Huskies de Connecticut, ya se hablaba de Stewart como de una jugadora que cambiaría la fisonomía y el destino de la WNBA. En la universidad se llevó el título de la NCAA los cuatro años que jugó. También fue la MVP en las cuatro Finals Four que jugó, algo que no hizo ni Kareem Abdul Jabbar -por entonces Lew Alcindor- en UCLA. Las Storm la escogieron en la primera posición del draft de 2016. Esa misma temporada fue rookie del año. Ya suma dos presencias en el All Star y ahora acaba de lograr su primer título con sendos MVP.

Quienes la conoces hablan de ella como la jugadora mejor dotada de la historia. “Es la mejor que he tenido en la NCAA. Por aquí han pasado algunas de las más grandes del baloncesto universitario, pero ninguna tuvo el don de Stewart. Y cuanto más importante es el partido, más rinde”, afirma su entrenador en Connecticut, Geno Auriemma. Antes que a ella entrenó a grandes estrellas como Rebecca Lobo, Diana Taurasi y Maya Moore.

Son ellas mismas las que se deshacen en elogios hacia la ala-pívot de las Storm. “Nadie en el mundo tiene sus cualidades ni su talento. Ni en la WNBA ni en Europa. Nadie. Es una jugadora única”, asegura Taurasi, estrella de las Phoenix Mercury y eliminada en semifinales por la prodigiosa Stewart y su equipo.

“Tiene un talento increíble. Puede hacer muchas cosas sobre la pista”, dice Moore, que destaca “su inteligencia y su actitud. Podrá hacer lo que se proponga”. Es otra de las cualidades de la joven prodigiosa: es muy entrenable, tiene un gran afán por mejorar y el éxito no parece habérsele subido a la cabeza pese a que le llegó pronto. “Dios me ha bendecido con la oportunidad de entrenarla y siempre estaré agradecido”, decía Ben Hughes, entrenador de las Storm, sosteniendo el trofeo de campeón de la WNBA.

La extraordinaria habilidad de Stewie con el balón en las manos se debe a un consejo paterno. Cuando estaba en quinto curso ya mostraba un gran deseo por mejorar su juego. Siempre fue de las más altas de su equipo y los entrenadores la colocaban cerca del aro para rebotear y taponar. Su padre le sugirió que trabajara el manejo de balón para incorporar algo más a su juego. Ella se colocaba los auriculares y se ponía a dar vueltas a la manzana en la que vivía mientras botaba el balón hasta completar una milla. Primero, cosas básicas. Luego, se pasaba el balón por debajo de las piernas, por detrás de la espalda… Lo hacía todos los días y aún lo hace cuando pasa tiempo en casa. Beyoncé, Jay-Z y Drake amenizan el entrenamiento que le ha convertido en un portento.

Antes de eso, cuando tenía nueve años, sufrió abusos sexuales por parte de un familiar cercano. La pesadilla duró dos años. Finalizó cuando Breanna se lo contó a sus padres y el abusador fue detenido. La jugadora lo hizo público en octubre del año pasado en un artículo titulado ‘Me Too’ (Yo también) y publicado en The Players Tribune: “No se lo he contado a mucha gente. No soy una persona muy vulnerable, no hablo demasiado de mis sentimientos, así que esto es incómodo. Si te están maltratando, cuéntaselo a alguien, si esa persona no te cree, cuéntaselo a alguien más. Hay recuerdos que nunca van a desaparecer”. El baloncesto ejerció de válvula de escape. Pese a aquel infierno, nunca pensó en abandonarlo.

Es su dedicación lo que ha convertido a Stewart en el prodigio que es. Icono de la WNBA y también de la selección de Estados Unidos. Ganó seis oros en categorías de formación. Con la absoluta ya fue campeona del Mundo en 2014 y olímpica en 2016. Está en la lista para la Copa del Mundo de Tenerife que arranca la próxima semana. De entre todas las estrellas que traerá el combinado estadounidense, ninguna es como ella. Es única en su especie.

 

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