Ainhoa Belakortu (Vitoria 1995), ha pasado en menos de un año de ser jugadora a segunda entrenadora del equipo femenino del Gaztedi Rugby Taldea, tras una lesión en su rodilla. En el tiempo que se recupera de dos operaciones, mira desde la banda este deporte minoritario en España, con apenas 16.000 licencias, pero que desata pasiones en Escocia, Irlanda, Francia, Nueva Zelanda o Sudáfrica. En una temporada de transición, el rugby femenino alavés se rejuvenece con nueva savia y mucho talento, con el objetivo a medio plazo de regresar a la División de Honor, la máxima categoría donde todo se ha profesionalizado más. Este deporte tan social, llega también a la cárcel de Zaballa gracias a un proyecto que el club vitoriano inició hace tres años. Esta jugadora-entrenadora, atiende a EL CORREO aún convaleciente. No puede esconder su «pasión oval «.

Cuando alguien juega al rugby ¿es más por convicción y sentimiento?

Puede ser. Formar parte del club Gaztedi es una implicación absoluta. Yo soy una apasionada de este deporte. Para mí, ir a Gamarra a entrenar y ahora ayudar en los entrenos, es un disfrute absoluto. Soy un poco «freaky», lo reconozco (risas).

¿Qué tiene este Gaztedi que celebra este año su 40 aniversario?

Para mí es como mi segunda familia. Desde que empecé a jugar, mis amigas se han quedado un poco a un lado porque me atrae más jugar o ir a ver un partido con mis compañeras de equipo, disfrutar del tercer tiempo. Yo empecé con 12 años, algo tarde. Pero por tradición familiar, primero mi padre y luego mi hermano. De tanto verles, al final caí (risas). Antes hacía pala, pero lo dejé todo por el rugby.

Crecimiento paulatino del rugby

¿Se habla poco de rugby en Vitoria?

Se habla poco, aunque antes se hablaba menos. Se nota que ha crecido mucho el rugby. Yo cuando empecé en la escuela apenas había chicas. Empezamos cinco y nos quedamos tres, entre ellas Anne Fernández de Corres. Mucha gente nos pregunta cuántos equipos tenemos, en qué ligas competimos, pero no lo tienen muy claro. La gente no sabe. Tenemos cierta presencia en medios de comunicación, pero esta ciudad es complicada porque hay una enorme oferta deportiva, con el fútbol y el baloncesto por encima del resto. Hay un gran desconocimiento. Pero creo que el hecho de que el rugby seven sea olímpico ha ayudado a ver y conocer mejor nuestro deporte. Es más visual, menos duradero y como juegan menos integrantes, es más fácil de entender y más atractivo. Eso ha dado un impulso. Nosotros lo hemos notado en nuestra liga donde antes estábamos cinco y ahora competimos nueve equipos.

¿Y se habla menos de rugby femenino?

Yo te diría que no. En Vitoria ha habido una enorme tradición de rugby de chicas y con una generación de jugadoras internacionales como Angelina Masdeu que fue mi entrenadora varios años, Nerea Otxoa o Aitziber Porras, ambas entrenadoras la pasada temporada del Gaztedi Neskak. Y mira ahora a Anne Fernández de Corres, salida de la cantera de aquí y triunfando en el Cisneros y en la selección española. Es cierto que cuando estábamos en División de honor teníamos más presencia, pero ahora mismo estar en esa categoría es casi imposible porque se ha profesionalizado mucho. Es verdad que necesitamos referentes y tener un equipo en la máxima categoría lo es. Vamos paso a paso, en una temporada de transición donde se ha dado el relevo generacional, con muchas jugadoras jóvenes y con muchísimo potencial.

¿Sigue pesando el estigma de que es un deporte duro y de mucho contacto?

Por mucho que lo expliquemos la gente sigue pensando que es un deporte violento, y es todo lo contrario porque hay mucha nobleza en el contacto. Otra gente piensa que tiene más riesgos de lesión y tampoco es cierto. Además, el rugby femenino es muy diferente al masculino. No hay tanto contacto, somos más técnicas. No es tan físico como el masculino. Creo que ocurre también en otros deportes y es muy atractivo. Mi lesión de rodilla no me la he hecho por ningún golpe del rugby.

Rugby en la cárcel

¿Se ve mejor el rugby desde el banquillo o en el fragor de la batalla?

No tengo la misma visión que tiene Jon (Aginako) el entrenador de este año, o Aitziber (Porras) y Nerea (Otxoa) que era el cuerpo técnico de la pasada temporada. Eso se adquiere con experiencia. Estoy en medio, entre las jugadoras y el entrenador. Es una visión diferente, yo aún lo veo todo como una jugadora. Lo que ven ellos aún no lo veo. He pasado en 10 meses de estar dentro de campo a tener que enseñar y eso no es fácil.

Cuénteme ese proyecto de llevar el rugby a la cárcel de Zaballa

Llevamos tres años. Gaztedi no solo es deporte, tiene también una parte social muy importante. Tenemos dos equipos en la cárcel, uno de chicos y otro de chicas. En el equipo masculino ya se ha conseguido que alguno de los chicos que han cumplido condena se haya incorporado a los entrenamientos del equipo. Nos encantaría que eso sucediera también con las chicas. Si conseguimos que cuando salgan nos tengan como referencia y red de apoyo, habremos conseguido uno de los objetivos de este proyecto.

 

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